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    14.07.2011

    La abejas y la seguridad alimentaria

    Hace algún tiempo publiqué una columna llamada “El valor de la naturaleza” que trataba de la valoración económica que tenían los servicios que nos presta gratuitamente la naturaleza, pero que nuestra sociedad no ha sabido cuidar pues, como es “gratis”, no hay motivación para cuidarlo. Me refería a servicios tales como la purificación del aire por parte de las plantas, a la purificación natural del agua mediante el ciclo hidrológico o la polinización de las plantas por las abejas y otros insectos.

    Pues bien, la ONU a través de su oficina UNEP (United Nations Enviroment Program, o Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) ha emitido un informe en junio recién pasado donde señala que las poblaciones de abejas en todo el hemisferio norte están disminuyendo de manera preocupante. Las abejas están muriendo y las razones señaladas en el informe son el uso masivo de insecticidas cada vez más poderosos en los cultivos, la contaminación ambiental, el movimiento de hongos patógenos para las abejas desde una región del planeta a otra gracias a los mercados globalizados y la disminución o desaparición de plantas silvestres que les aportan alimento.

    De estas causas, comentaré solo dos; respecto al uso de insecticidas, en Alemania, Francia y Estados Unidos se ha prohibido el uso de la Clothianidina, un insecticida desarrollado y comercializado por Bayer e industrias químicas Takeda, que ejerce su acción siendo absorbido por las plantas y luego liberado a través del polen. Su uso fue aprobado en 2003 quedando pendiente un estudio de toxicidad que se demoró hasta 2010, cuando se conoció un filtrado de la agencia de Estados Unidos para la Protección del Medio Ambiente que concluía que “los estudios de toxicidad en abejas melíferas muestran que la Clothanidina es altamente tóxica tanto por vía oral como por contacto”. Así, el insecticida se utilizó 7 años y mató abejas en todo el mundo, hasta que alguien estimó que debía saberse la toxicidad del agente. Ante semejante atentado casi genocida a la responsabilidad, cabe preguntarse: ¿habrá otras sustancias utilizadas en la cadena alimentaria cuyos estudios de toxicidad no están acabados o no han sido publicados?

    Y respecto a la disminución de plantas silvestres, como ya hemos discutido en un blog anterior, el herbicida Glifosato que vende Monsanto bajo el nombre de Roundup, utilizado por sus cultivos transgénicos, es un herbicida total, es decir, mata a todas las plantas que no posean la resistencia transgénica a él. De este modo, ha acabado con millones de plantas que, si bien no tenían valor económico por sí solas, servían como alimento a las abejas. Esta capacidad de destruir la biosfera también ha sido utilizada como arma química contra la droga ya que al ser roseado sobre los cultivos de coca, mata todas las plantas en cuestión de horas. Ahora está por verse si no es éste un caballo de Troya contra los cultivos naturales en una guerra no declarada por el monopolio transgénico de la alimentación mundial.

    Pero, ¿Por qué las abejas?, pues porque ellas juegan un papel fundamental en la cadena alimenticia pues realizan la polinización de las plantas. Así, las plantas se reproducen y crecen y se convierten en alimento para nosotros y para nuestros animales. Sin las abejas, la polinización tendría que realizarse mediante otros métodos que encarecerían de maneras difíciles de estimar el costo de todos los alimentos en el mundo. Se dice que Albert Einstein señaló una vez: “Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”, aunque no hay fuentes escritas para confirmarlo. Si bien es cierto que a diferencia de su tiempo, hoy existen métodos artificiales de polinización y además se podrían crear plantas transgénicas que no necesiten de las abejas, simulando los mecanismos del olivo o la vid, esto implicaría un costo adicional que de seguro no todos los países y personas estarían en condiciones de pagar. Para quienes deseen saberlo, existen vegetales de uso alimenticio que no requieren de las abejas para su polinización como la vid y el olivo. En una eventual futura crisis de los alimentos, el vino y el aceite no sufrirían daño. Esto forzosamente me recuerda un pasaje de Apocalipsis (6:6) que señala: “la hambruna será tal que se venderá un kilo de trigo o tres kilos de cebada por el salario de todo un día, pero no se verán afectados el aceite ni el vino”.

    Yo mismo en mi juventud conocí ciertos cultivos para semilla donde la polinización se realiza “a mano”, y donde cada hectárea de cultivo requiere un regimiento de temporeros que buscan cada flor y la polinizan con pistilos provenientes de otro cultivo. Es un trabajo fácil pero arduo y oneroso pues requiere mucha gente.

    La ONU estima que el servicio que nos prestan las abejas polinizando “gratis” los cultivos podría superar los 50.000 millones de dólares anuales en el mundo entero, algo así como un 0,08% del PIB mundial, aunque evidentemente habría que esperar para ver cómo se distorsionarían los mercados ante una futura crisis y el valor real que alcanzarían los servicios de polinización artificial y junto con ellos, todos los alimentos.

    Y es que los efectos insospechados del así llamado progreso nos siguen dando sorpresas: la temperatura del planeta ha aumentado 2 grados y subiendo, hay un cambio climático evidente, se agota el agua dulce, hay hambrunas provocadas simplemente por la especulación financiera (como la crisis de 2008), se extinguen especies y ahora se dibuja en el horizonte una escasez de alimentos nunca antes vista gracias al irresponsable manejo del medio ambiente, de los cultivos y del comercio internacional, basados todos siempre en criterios exclusiva y excluyentemente económicos.

    ¿Qué ocurrirá cuando las multinacionales como Bayer y sus insecticidas o las forestales brasileñas que depredan la selva aniquilando especies de las cuales nunca sabremos si eran beneficiosas para la humanidad, o Monsanto y sus monocultivos que llegan hasta el horizonte y su glifosato que elimina toda planta que no sea transgénica, un día tengan las arcas llenas de dinero pero no hayan alimentos para comprar, porque sencillamente el ambiente ya no permita su cultivo? Puedo intentar responder esa pregunta: tirarán su plata a las calles, y desecharán su oro; ni su plata ni su oro podrá ayudarlos… No podrán saciar su apetito por que habrán tropezado en su propio actuar. ¿Suena apocalíptico? Lo es, es el profeta Ezequiel 7:19.

    En todo caso, los científicos de la ONU han planteado algunos lineamientos que podrían paliar el problema: un uso más cuidadoso y criterioso de los insecticidas y otros químicos agrícolas y evaluar el transportar las colmenas a lugares con menos exposición a agentes nocivos para las abejas, aunque ello implica una merma en la población de la colmena en torno al 10%.

    El informe concluye que esto podría ser solo la punta del iceberg, pues el daño a las abejas podría ser solo el inicio de consecuencias mucho más amplias del cambio climático y la contaminación sobre la vida animal y vegetal, y por consiguiente, la seguridad alimentaria mundial.