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    07.09.2011

    Cambio alimentos o madera por combustible…

    Hace tiempo que el mundo viene preparándose para la escasez del petróleo. Desde que el ser humano inventó la máquina a vapor, hemos venido quemando combustibles para producir energía y mover el progreso hacia delante. El carbón resultó demasiado contaminante y complicado, así que nos cambiamos al versátil petróleo. No obstante, el petróleo se acabará, según estimaciones, en unos 30 a 40 años, y tardará varios miles de años en renovarse.

    Es por esto que algunos países vienen buscando alternativas para el petróleo, a fin de evitar un Apocalipsis donde la industria se detenga, la economía se derrumbe y tengamos que volver vestir pieles de animales. Han surgido variadas alternativas: energía eólica, solar, mareomotriz, hidroeléctrica y nuclear principalmente, pero ninguna de éstas por sí sola consigue reemplazar la versatilidad del petróleo.

    Debido a lo anterior, brillantes científicos inventaron un complejo y costoso proceso para producir biocombustible a partir de los alimentos (maíz, caña de azúcar, soya entre otros), con lo cual contribuyeron enormemente a la crisis de los alimentos de 2008. Varios países abandonaron el proyecto al constatar que el frío y cruel mercado hacía morir gente de hambre al producir menos y más caros alimentos, y más biocombustible.

    No obstante, Dios había provisto una solución, como siempre, en la naturaleza. Resulta que se han descubierto unas bacterias capaces de transformar de manera sencilla la celulosa, esto es, el material sólido del que está constituida la madera, en biocombustible. El proceso es similar al que usan las termitas para descomponer la madera. De este modo, se podrían aislar dichas bacterias, reproducirlas en cantidades, ponerlas en un gran estanque lleno de madera, ramas, corteza, paja o cualquier resto de madera, y las bacterias convertirían todo esto en biocombustible.

    Este tipo de procesos que utilizan bacterias y sus enzimas, se llaman procesos bioquímicos, y entre los más conocidos tenemos la fermentación del vino, del yogurt, de los encurtidos, el tratamiento de las aguas servidas y la fabricación de compost. Todos estos procesos no constituyen una industria contaminante y altamente perjudicial o de costos millonarios, como sí lo es la industrial del petróleo. En los próximos años es muy probable que se masifique la producción de este biocombustible y comience a mezclarse con la bencina y el diesel, como ya ocurre en Brasil y Estados Unidos, para paulatinamente irlos reemplazando.

    Lo más increíble de todo es que estas bacterias siempre han existido en el tracto intestinal de los rumiantes, y en los insectos que comen madera como las termitas, aunque las bacterias que han sido identificadas como las más eficientes en el proceso son las del tracto digestivo de los osos panda, una especie en extremo peligro de extinción. Solo quedan unos 2700 de estos animales en el mundo.

    Jamás me imaginaría a un frío empresario del petróleo participando de una campaña de “salvemos a los pandas”, pero quienes defienden a estos animales, han defendido también una de las posibles soluciones a la crisis de energía mundial que está a la vuelta de la esquina. ¡Que paradoja! La naturaleza que destruimos por “el progreso” es la misma que ha dado origen a los medicamentos, los alimentos y ahora la que nos proveerá de energía.

    No obstante, esto no significa que ahora depredemos todos los bosques y convirtamos la tierra en un páramo desierto sin vegetación, para poder tener grandes camionetas de “expresión personal” y mover la industria. No, sino que se debe pensar en un manejo sumamente responsable de los bosques, considerando seriamente su velocidad de renovación y ajustando el consumo a la real capacidad de producción de madera.

    Si hubiéramos plantado miles de millones de árboles en todo el mundo desde hace años, como debíamos hacerlo para frenar el calentamiento global, estaríamos preparados para enfrentar esta nueva alternativa con tranquilidad, pero como no hemos hecho nada por frenar el calentamiento global, menos ahora que USA ha dicho que no puede restringir las emisiones de contaminantes debido al momento álgido que vive su economía, entonces esta nueva luz no es tan clara como quisiéramos.

    La naturaleza nos muestra nuevamente que vale la pena cuidarla, vale la pena salvar a los animales en extinción, vale la pena cuidar el medio ambiente, vale la pena cuidar las aguas, y no es bueno intervenirlas artificialmente, tal como son están bien, pues son parte de un diseño inteligente, creado para sustentar nuestra vida.