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    08.12.2011

    La colusión, la pobreza y la desigualdad son hermanas

    Definición de colusión: Pacto ilícito en daño de un tercero. Sinónimos son confabulación y conspiración. Cuando una pandilla de 3 malacatosos se ponen de acuerdo en un callejón oscuro para asaltar a un transeúnte, se llama asociación ilícita y es una colusión. Cuando una pandilla de 3 empresarios se ponen de acuerdo en la cima de un edificio corporativo para asaltar a millones de transeúntes, también lo es. ¿Las diferencias? Todos las saben.

    Chile es el país con menos corrupción en América Latina, no obstante existen las asociaciones ilícitas por doquier. Se han encontrado o comenzado a investigar colusiones en los precios de los medicamentos, de los combustibles, del pan, de los pasajes de buses, de los televisores de plasma entre las dos más grandes multitiendas del país, en los bancos y ahora finalmente en el precio del pollo.

    El pollo, que es una carne mucho más sana que las carnes rojas y cuya producción es mucho más eficiente en el uso de recursos. Cumple ampliamente con las tres B. ¿Por qué no se coluden en el caviar, en el queso roquefort o en el jamón serrano, en vez de coludirse en un alimento básico de los chilenos?

    Me preocupa que las empresas se coludan en los precios de los alimentos. En Chile el producto más consumido es el pan, con 100 kg por persona al año. El pan es la base de la dieta de las personas con menos recursos, y los grandes supermercados lo venden a $1.000 por kilo, es decir, una familia de 3 personas, que se sostiene con un sueldo mínimo líquido de $160.000 al mes, gastará en el año el 15% de sus ingresos solo en pan, mientras que para una familia de 3 personas que ganan $ 1.000.000, el consumo de pan representa apenas el 2,5% de su ingreso.

    Lo increíble es que en los negocios de barrio el pan tiene un valor de $550 (en Chillán). Realmente el supermercado cobra caro por la comodidad, seguridad y decoración.

    En cuanto al pollo, su consumo en Chile es del orden de 27 kilos por persona al año, es decir, unos $64.800 anuales. Haciendo el mismo ejercicio anterior para familias de 3 personas, en la familia que gana el sueldo mínimo representa el 10% de sus ingresos, en tanto en la familia que gana $1.000.000, representa el 1,62%. Si sumamos los gastos de la familia pobre del 15% en pan y 10% en pollo, tenemos que solo en pan y pollo una familia pobre puede gastar un cuarto de sus ingresos, mientras que una familia de clase media gasta solo el 4%. Estos cálculos son solo aproximaciones basadas en datos estadísticos pero permiten dimensionar el grado de incidencia de los precios de los alimentos en la pobreza.

    Recién esta semana la OECD publicó una cifra de desigualdad de nuestro país, que señala que las familias más ricas tienen ingresos 27 veces mayores que las más pobres. Si volvemos a nuestras familias ejemplo, mientras la familia pobre gana $160.000, la familia rica percibe $4.300.000, de lo cual su consumo de pan y pollo constituye menos del 1%. Así daría gusto por que alcanzaría para matricularse en un buen colegio, comprar algunos libros, viajar y conocer otras culturas, tomar un curso de idiomas, de artes, de música, de buceo, ingresar a una academia de deportes, desarrollar un hobby y emprender algún negocio que entregue satisfacción personal, mientras que con el ingreso de la familia pobre alcanza para…sobrevivir.

    La BBC Mundo ha publicado un artículo donde señala que la desigualdad en Chile permite que la mayoría de los chilenos tengan ingresos africanos: “El 60% del país vive con ingresos promedio peores que Angola. Este es el Chile de la mayoría, nos guste o no(BBC Mundo, Lo que oculta la riqueza de Chile, 24 de junio de 2011).

    A lo que quiero llegar es al concepto de “inflación de los pobres”, acuñado por la FAO durante la crisis de alimentos de 2008 y que básicamente significa que en los hogares de menos ingresos, un aumento de precios de los alimentos lleva al hambre, mientras que en una familia de ingresos más altos, prácticamente no tiene efectos. El ministro Lavín señaló que “los precios de estos productos inciden directamente en la pobreza.

    Esto quiere decir que cada aumento de 1% en el precio de los alimentos manda a la cama con hambre a muchos chilenos. Por eso la colusión de alimentos en Chile es no solo ilegal, sino inmoral. Las sanciones máximas están por debajo de los beneficios que habrían obtenido las empresas, por lo que aún cuando se concretara la máxima multa que permite la ley, las empresas seguirían sacando ganancia de todo esto. Eso es lo que duele, que un ciudadano de a pie honesto es aplastado por impuestos internos si se atrasa en declarar modestos $100.000 de IVA, pero si una empresa contribuye a la pobreza, el hambre, la desigualdad y la miseria del país, solo debe pagar una parte de lo que ganó haciéndolo y se le permite seguir adelante. Este no es el Chile que muchos queremos.

    Es de esperar que las leyes de modernicen y se pongan a la altura de las circunstancias, para que el chileno de a pie sienta que el Estado tiene interés en que él también progrese.