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    22.12.2011

    Informarse para alimentarse y vivir mejor

    No es agotamiento de la discusión, sino de la paciencia. No es falta de información sino de cultura. No es distracción sino desidia. Los chilenos tenemos la peor distribución de bienes y eso desencadena múltiples problemas socioculturales y de salud.

    Desde una ventana se ven las casas de miles de UF, con amplios patios con grandes y bellos árboles, habitadas durante la noche por sus dueños, hombres y mujeres esbeltos, saludables y con algo de cultura. Sus hombres recorren las calles en sus grandes camionetas hablando siempre por teléfono cosas “importantes”. Sus mujeres se pasean por los cafés de la ciudad en sus otras camionetas de tamaños monumentales, son rubias, esbeltas y pueden lucir parecidas a las modelos femeninas norteamericanas o europeas.

    Pero luego al recorrer las calles, encuentro las casas pareadas, triadas, tetreadas y en fin, un solo block por cuadra de casas sin separación ni privacidad, sin áreas verdes ni espacios para que jueguen los niños o se distraigan los adultos.

    Allí los hombres jóvenes caminan por las calles en grupos de una esquina a la otra. Las mujeres jóvenes lucen atuendos creados para dos tallas menos y las mujeres mayores ropas hechas a la medida o extra grandes. Los hombres adultos también vuelven de sus duros y honestos trabajos, listos para sentarse en un sillón a ver la publicidad entre las telenovelas, y así permanecer hasta que la noche se imponga.

    El ministerio de salud hace esfuerzos indecibles por hacer “entendible” la información nutricional de los alimentos a los chilenos, y así darles herramientas para mejorar su calidad de vida, pero ¿Por qué solo la rubia de 4×4 luce sana y de 10 años menos? Quizá por que ella lee lo que llega a sus manos, se informa, le interesa y visita al nutricionista quien le atiende por más de 5 minutos, pero también por que su casa tenía patio y ella jugaba cuando niña y adolescente, se movía, utilizaba sus músculos y también su mente, tenía y aún tiene cosas en qué pensar y que no son deprimentes o ansiógenas.

    Pero otras mujeres prefieren no leer, solo escuchar la TV o la radio, pero no se informan ni tampoco les interesa, por que fueron a una escuela donde no se les enseñó a reflexionar y criticar, solo a repetir. Crecieron sin espacios para jugar y moverse, y ni aún ahora los tienen, sino que están relegadas a espacios reducidos, habitáculos minúsculos multifuncionales: comedor-cocina-estar, dormitorio1-dormitorio2-sala de estudio-biblioteca, baño-lavadero-bodega, etc. Ni tampoco tienen un curso de música, de tai-chi o pilates para distraer la mente, sino que piensan en las deudas y el peligro que corren sus hijos con las “juntas” en la calle, donde deben ir a desempeñar la tarea de ser niños, ya que dentro de la propiedad familiar no hay espacio. Luego la mujer, quizá por ansiedad u otro motivo, come más de lo que necesita y no se mueve para gastar ese exceso de calorías, lo cual le conlleva una mala salud que no pueden tratar sino solo consagrando su vida al trajín del cesfam: la hora a las 8 pero se atiende a las 11, la hora para el examen, la nueva hora para revisión del examen, pero ya ha pasado mucho tiempo y no sirve, otro examen, otra hora, otra espera. Al final, la mujer que necesita trabajar para mantener a su familia debe escoger si trabajar o atender sus enfermedades.

    La desigualdad no solo provoca que unos cambien auto cada año y otros sueñen en el primero para dos generaciones más, también provoca enfermedades físicas, mentales y sociales. Cuando decimos que hay educación y salud para todos pero en la realidad para unos son efectivas mientras que para otros, si bien existen, son totalmente inútiles, estamos creando una fantasía. El ministerio de educación ataca el problema de la obesidad y todas sus enfermedades asociadas mediante una bienintencionada ley de rotulado (la que comentaré en el futuro) y algunos programas, y está muy bien, pero existen otros factores tanto o más decisivos que afectan la salud pero no dependen del ministerio de salud, y que el gobierno haría bien en reconocer y ponderar. Hablo de factores como educación, trabajo y vivienda.