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    15.01.2012

    Eres lo que comes (I Parte)

    Un amigo me contó que una vez un bombero cargó Diesel a su vehículo bencinero. Al principio no hubo problemas pero dos cuadras más adelante los extraños ruidos y el humo hacían evidente un mal funcionamiento. Existen varias diferencias entre los motores bencineros y diesel que no mencionaré esta vez. Solo basta señalar que cada cual tiene una mecánica distinta y especialmente adecuada a su combustible.

    El motor de combustión es un invento maravilloso que aún me impresiona; su capacidad de funcionar en forma autónoma eternamente con la sola necesidad de combustible y mantenciones me resulta impresionante.

    El cuerpo humano también ha sido calificado como una maravillosa máquina autónoma que requiere solo de alimento para funcionar, desarrollarse e incluso auto repararse. No obstante, si el daño sufrido por el organismo ocurre a una mayor velocidad que su capacidad de auto recuperación, inevitablemente enfermará, y en este caso no podemos reemplazar fácilmente las piezas.

    La frase “somos lo que comemos” es el título de un popular libro de Gillian Mckeith y dice una gran verdad. Así como existen vehículos llamados diesel por que consumen diesel, así también hay personas enfermas que están enfermas por lo que consumen, y personas sanas que están sanas también por lo que consumen.

    Chile se caracteriza por el sedentarismo y una dieta rica en calorías, asados, dulces, frituras y grasas. Eso estaba bien para los esforzados hombres de campo del pasado que ostentaban un gasto de energía de más de 4.000 calorías al día, pero el ciudadano moderno, el oficinista o el vendedor, con un gasto de 2.000 calorías, necesita comer mucho menos. Si eres un ciudadano con una vida sedentaria típica chilena, en esta columna quiero dejar algunos pensamientos en tu mente:

    Si comes mucha sal, eres o serás un hipertenso y enfermo renal.

    Si comes mucha azúcar, eres o serás diabético.

    Si comes mucha carne y frituras, eres o serás un enfermo cardiovascular.

    Si comes mucho picante, alcohol y condimentos, serás un ulceroso gástrico.

    Si comes mucha carne roja y nada de fruta y vegetales, eres o serás un enfermo de cáncer de colon.

    Si tienes una dieta balanceada entre carnes rojas y blancas, pescados, legumbres, muchas ensaladas y fruta, eres o serás una persona sana y probablemente alegre.

    Estas aseveraciones son generalizaciones y no pretender infundirte temor, sino solo informarte que realmente eres lo que comes, así como yo soy lo que como. Cuando pienses en repetir un asado dos días después del anterior, primero recuerda que ese ritmo provocará que en algunos años no puedas comer sal ni grasas, so pena de muerte, que tus hijos y cónyuge sufrirán, que en tus enfermedades consumirán el dinero que podrías haber destinado a estudios superiores de tus hijos o a una mejor calidad de vida para tu familia, y que finalmente, aunque lo comido y lo bailado nadie podrá quitártelo, las enfermedades descritas arriba te quitarán a ti y a tu familia mucho más de lo que imaginas.

    En una próxima columna describiré más en detalle los beneficios y problemas que puede acarrear la dieta, por ahora solo quiero invitarte a reflexionar.