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    17.05.2012

    El Chile “Moderno”

    Cuando se escucha la palabra “moderno” se interpreta como “nuevo y mejor que lo anterior”. Sin embargo, al reflexionar en torno al concepto de modernidad, surgen muchas aristas que normalmente pasamos por alto pero que han realizado profundos cambios en nuestras vidas.

    Lo “moderno” viene de la modernidad, y la modernidad es una etapa histórica de la sociedad occidental. Se dice que es la etapa histórica donde el ser humano deja atrás la edad media y avanza, a través de la revolución industrial, para plantearse una nueva sociedad con miras exclusivamente en el futuro, olvidando el pasado y su historia. Es el divorcio del ser humano con sus raíces socioculturales y su espiritualidad, para plantarse un nuevo sistema de valores basados en la acción, la competitividad y la riqueza, dejando atrás la reflexión, afectividad, la espiritualidad y la moral. Este proceso ha sido lento en América Latina, pero ha avanzado sustancialmente en Europa y Estados Unidos, quienes han liderado un proceso de colonización cultural de la modernidad en el resto del mundo. El proceso de colonización cultural consiste en irrumpir en las culturas y despojarlas de todo su significado por medio de la homologación con la cultura conquistadora. Así, el objetivo de la modernidad parece ser que todos vistan, coman, trabajen y piensen como miembros de una gran empresa, más que como seres humanos individuales con diversidad, sueños y distintas visiones de la realidad.

    De este modo, hoy en Chile se celebra Halloween, se vive endeudado y más del 60% de los niños nacidos lo hacen fuera de una familia con padre y madre, quedando al cuidado de abuelas esclavas, la calle y la televisión, pero todos dicen estar muy bien al respecto y se cuestiona cualquier iniciativa de volver al origen, es decir, volver a elevar volantines y jugar al trompo, vivir hoy con lo que tengo hoy y no con lo que tendré en dos años más y volver a la familia de un padre y madre abnegados que se esfuerzan en generar un espacio de formación y protección a su hijo. De hecho, de quienes leen este artículo, estimo que dos tercios se indignarán y el otro tercio tendrá un sentimiento de “estoy harto de todo esto” refiriéndose a la sociedad moderna.

    Pues bien, la sociedad moderna nos ha dado teléfonos celulares, pantallas LCD, facebook, chat, créditos a 30 años, malls, pollos que crecen en 25 días, máquinas para caminar, máquinas para preparar café, giftcards, sexo casual y una buena educación que cuesta dos sueldos mínimos mensuales, sueldo mínimo con el que vive más del 60% de los chilenos. También nos ha dado aparatos médicos capaces de curar el cáncer, pero ha restringido su acceso a solo unas pocas familias. Claro que con el tiempo, los costos bajarán y todos tendremos acceso, pero entonces existirán nuevos tratamientos más costosos que detengan el envejecimiento, y nuevamente solo unas pocas familias tendrán acceso a ellos, y así continuará el ciclo.

    También la modernidad nos ha dado alimentos industrializados, que podrían jactarse de haber sido procesados “sin intervención humana”, aunque la gente los está abandonando paulatinamente.

    Esta modernidad encaja bajo tensión en una sociedad como la chilena, donde históricamente se valora la amistad, el compadrazgo, las tallas, la alegría y la sabiduría popular. Digo bajo tensión por que, si bien existe una proporción de la sociedad que se sentirá cómoda ostentando uniformes de solapa gris y corbata, haciendo uso de los espacios de recreación pre-diseñados para basar ésta y la interacción familiar en el consumo de mercado, vacacionando mediante el uso de programas pagaderos en créditos de algunos años y creando y desintegrando familias cada 2 años, otra gran parte de la población chilena aún valora la familia de madre, padre e hijos de ambos, un momento tranquilo en medio de la naturaleza, dedicar tiempo a la conversación y el conocimiento de sus seres queridos y cuando la tormenta toque sus vidas, preferirán tener algo en que creer. Hay muchos chilenos que se resisten a pasar al anonimato ante sí mismos, no quieren parecerse a lo que ven por TV, quieren parecerse a sus propias ideas de una buena persona, quieren construir sus propias vidas, quieren ir el fin de semana a donde ellos quieran y no a donde el mercado les designe “si es feriado, día libre o fin de semana, acuda a su mall más cercano donde se le proporcionará entretención a cambio de dinero”, quieren expresar amor por sí mismos y no comprar expresiones de amor pre-diseñadas y quieren sentir que le importan a alguien por su humanidad y no solo por el dinero que pueden generar.

    Y digo que existen estas personas por que hay un movimiento mundial llevado adelante por las personas que desean volver a disfrutar la vida en función de los parámetros que ellos mismos deseen escoger. Se trata del movimiento Slow (lento) creado en 1986 y que gana adeptos en el mundo. En Chile este movimiento ya tiene un “Mall Slow”, el Espacio M en Santiago. Soy escéptico pues la palabra Mall me evoca un templo al dios dinero; ¿realmente en este mall Slow los estudios psicosociales acostumbrados de los malls para crear un ambiente de consumo desenfrenado, fueron re-enfocados para crear un ambiente de paz y sana convivencia humana? La respuesta está en desarrollo, pero de momento creo que el movimiento Slow es una de las primeras señales de que existe gente “harta de todo esto”.

    Digo una de las primeras señales por que los indignados, un movimiento muy distinto, más nuevo y mucho más poderoso, irrumpe en todas las sociedades modernas y aspirantes a modernas: Europa, Estados Unidos, ciertos países de Latinoamérica y algunos países árabes.

    Sé que es difícil pero vale la pena la reflexión: ¿esta es la forma en que debo vivir y educar a mis hijos? ¿es esta la única forma de vivir? ¿cuál es el origen de los valores que hoy están conduciendo mi vida? ¿por qué debo ser moderno?