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    15.06.2012

    La asfixiante contaminación de Chillán

    Desde hace años se viene estudiando el desarrollo de la contaminación atmosférica en Chillán. Sucede que la gente de esta hermosa ciudad utiliza calefacción a leña, haciendo huso de una amplia gama de aparatos, desde braseros con brasas del fogón y salamandras artesanales hasta estufas de combustión lenta. Todas estas combustiones se suman a las emisiones de algunas empresas, las de algunas de las antiguas micros de locomoción colectiva, las del gran parque de colectivos urbanos y las de quemas de pastizales que, por irracionales y vetustas que parezcan, se realizan con cierta frecuencia en esta comuna cuna de la patria, incluso a orillas de caminos disminuyendo la visibilidad de los automovilistas a cero. El problema es conocido por los chillanejos, pero no es dimensionado correctamente, ya que solo algunas personas están conscientes de que la contaminación llega a ser mayor que la de Santiago durante varios días de invierno, cuestión que pasa desapercibida por la pacifica población chillanense.

    En 2011 se logró decretar como zona saturada a Chillán, con lo cual se dijo que pusieron en marcha medidas tales como el recambio de calefactores y la regulación de la leña. No estoy enterado si a alguien en Chillán se le ha ofrecido un plan para reemplazar su salamandra. Sí estoy enterado de que los vendedores de leña deben pasar por una revisión del nivel de humedad de su producto, lo cual me parece muy positivo.

    Sin embargo, estamos en Chile, y dentro de Chile, en Chillán, una comuna hermosa, bucólica, histórica y sufrida, con solo un 5,8% de hogares ABC1 con acceso a buenas estufas con precios desde dos sueldos mínimos y vehículos eficientes de rendimiento sobre los 16 km/L. El resto de la maravillosa gente de Chillán son agrupados por esta odiosa clasificación de la siguiente forma: 14,5% C2, 24% C3, 34,1% D y 21,5% E. Vemos que el 80% de los hogares chillanenses (C3, D y E) tiene un ingreso familiar promedio inferior a los $ 400.000, y varios de estos hogares podrían tener ingresos entre $ 0 y $ 60.000 (grupo D y E) que evidentemente no estarán en condiciones de utilizar calefacción eléctrica o a gas, sino que utilizarán brasero o salamandra, y en ciertos casos parafina, y además utilizan locomoción colectiva o vehículos particulares viejos y poco eficientes. Esta realidad está aquí y no podemos cambiarla por decreto.

    Pero otro factor que me llama mucho la atención es la muy mala gestión del tránsito de Chillán. A veces me pregunto si hay un ingeniero en tránsito detrás de los semáforos des-sincronizados o es algún magnate petrolero quien los ha sincronizado. Y lo digo porque la inexistente sincronización de los semáforos provoca que en un trayecto regular, cada vehículo se detenga y reanude su marcha decenas de veces, lo cual incrementa notablemente el consumo de combustible y por tanto, la contaminación. En el centro de Chillán se pueden apreciar todos los días las micros iniciando su marcha en cada esquina con sus grandes chimeneas expulsando bocanadas de negros humos cuyo olor llena el ambiente. Lo propio hacen los camiones madereros que circulan por la periferia.

    Cuando voy a Concepción o Santiago, puedo ver el milagro de los semáforos sincronizados, de cómo cada conductor, si lleva la velocidad recomendada para la vía, puede recorrer un trayecto de 6 o más cuadras sin detenerse en un semáforo. Al contrario, en un trayecto de 6 cuadras en Chillán hay que detenerse 6 veces, en tanto se sortean además la profusión de hoyos de todos los tamaños y colores, y los parches que quedan más altos o más bajos que el resto, y las tapas de alcantarillado que son convexas, para que el camino simule una suerte de juego de esquivar los obstáculos, todo lo cual hace que cada vehículo gaste más combustible y contamine más. No niego que no se haya hecho bastante en los últimos años, pero queda mucho por hacer.

    Pienso que un diseño inteligente del tránsito de Chillán, sumado a un apoyo consiente a las familias para resolver el problema de la calefacción, podrían constituir una medida concreta y provechosa para la descontaminación.