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    25.07.2012

    Los científicos detrás de los transgénicos

    Hace poco asistí a un seminario donde se presentaron notables trabajos en producción de semillas transgénicas (u Organismos Genéticamente Modificados OGM). Los científicos expusieron sus trabajos con pasión y orgullo, se podía sentir en el aire el espíritu de “estamos creando alimentos para terminar con el hambre en el mundo”. Admiro a los científicos que pasan cientos de horas creando progreso para la humanidad: Edison, Meucci y años más tarde Bell o el anónimo inventor egipcio del papel, entre tantos otros.

    Y los científicos que expusieron en aquel seminario no son distintos; ellos crean variedades de plantas resistentes a condiciones climáticas, pestes y plagas y además con mayor productividad. Sin embargo, los adelantos en transgénicos esta vez ponen en duda el libre desarrollo de la raza humana.

    Y es que los otros adelantos mencionados no pretendieron acabar con la comunicación personal, con la iluminación con fuego o luz solar o con la escritura en otros medios, pero los adelantos en alimentos transgénicos han sido gestionados por las empresas multinacionales para acabar con los alimentos naturales en un futuro próximo, y eso es extremadamente preocupante por varios motivos.

    Esta vez no esgrimiré el motivo de la salud, ya que a pesar de que existen un cierto número de publicaciones sobre investigaciones que asocian los OGM con enfermedades y con la presencia de potentes herbicidas en la orina humana, entre otros, no quiero enfocarme en éste motivo, pues creo que existe un motivo mucho más inteligible para profanos en medicina, genética y bioquímica.

    Este motivo es la pérdida de biodiversidad. He vivido la pérdida de modadiversidad cuando no encuentro la ropa que quiero porque no está de moda, también la pérdida de repuestodiversidad cuando en mi pequeña ciudad no encuentro un determinado repuesto para mi viejo automóvil, pero perder biodiversidad significa que el mercado ofrecerá solo un estrecho abanico de los alimentos que le sean más rentables y eliminará los demás, perdiendo para siempre las variedades que constituyen nuestra identidad y que, sobre todo, son nuestras y aseguran nuestra provisión para el futuro.

    Las empresas de semillas transgénicas tienen la estrategia de entregar su semilla al agricultor, despojarlo de todas sus semillas no transgénicas y apoderarse de su producción dictándole a quién y a cuánto venderla. Además, como golpe de gracia, el herbicida que viene en el paquete elimina toda forma de vida vegetal que no sea transgénica en el campo y es un químico capaz de permanecer en el suelo, de percolarse y además, como comprueban los estudios, de pasar al consumidor, de modo que con el tiempo, el herbicida terminará matando a todas las especies de cultivos no transgénicas del planeta.

    El agricultor pasa de ser un productor independiente a un “obtentor”, es decir, una unidad de cultivo de la semilla transgénica, de cuyo cultivo no puede disponer libremente. Y si el agricultor deseara sembrar parte de la semilla obtenida el próximo año, o regalarle a un amigo o guardar para sí mismo, incurriría en un delito y probablemente sería despojado de todo cuanto tenga por la empresa, como ya ha ocurrido en USA y Canadá, ya que la semilla que él pagó por sembrar y que produjo en su campo, no es suya sino que sigue siendo de la empresa por el hecho de ser transgénica.

    Entonces sólo habrá acceso a los alimentos transgénicos. Desaparecerán las variedades de papas, cebollas, ajos y manzanas naturales y sólo quedarán aquellas que sean más rentables para las empresas. Con esto, la humanidad quedará como rehén de las empresas de semillas transgénicas, so pretexto de acabar con el hambre, cosa que ni lejanamente se ha comenzado a hacer, sino por el contrario, el monopolio ha aumentado la pobreza de los agricultores del mundo.

    Por tanto, yo tengo una objeción de conciencia contra los transgénicos, porque me opongo a monopolizar la seguridad alimentaria de la humanidad, y exijo saber qué alimentos son transgénicos para NO consumirlos.

    Francia ha dado una larga y dura batalla contra los transgénicos. También en toda Europa se debe etiquetar los alimentos que tengan algún ingrediente con más de un 0,9% de transgénico. Además en noviembre próximo el estado de California votará la obligatoriedad de rotulación transgénica para alimentos.  Yo quisiera que en Chile existiera al menos un legislador que representara mi interés y mi objeción de conciencia, pero quizá en este momento sea demasiado pedir, ya que casi toda necesidad de la ciudadanía hoy se resuelve en las calles por falta de representatividad. Al menos, las empresas transnacionales de semillas transgénicas sí tienen quien represente sus intereses en las altas esferas de la política nacional.