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    11.12.2012

    Por qué no es ahora el fin del mundo.

    Desde siempre ha existido el concepto del fin del mundo en la conciencia de los pueblos. Este concepto se sustenta en dos enfoques: uno lógico que dice que todo lo que comienza, algún día debe terminar, y uno religioso que habla sobre la sustentabilidad moral de la sociedad.

    Han existido múltiples fines del mundo hasta ahora, y de seguro habrán algunos más antes del fin real. Por ejemplo puedo citar las profecías de William Miller, agricultor de Nueva Inglaterra que dijo que el mundo llegaría a su fin entre el 21 de marzo de 1843 e igual fecha de 1844. A sus seguidores se les llamó Milleristas y luego de pasada la fecha, se disolvieron y algunos de sus seguidores adhirieron a determinadas corrientes religiosas.

    La tierra

    Más tarde, Charles Taze Russel, fundador de los Testigos de Jehová, profetizó el día del juicio final para el año 1875. Como nada ocurrió, modificó su fecha para 1914, luego 1918, 1925 y otras después. Más tarde lo siguió haciendo su sucesor, el juez Joseph Franklin Rutherford quien dijo que el mundo finalizaría el año 1975.

    Del relato de las más recientes fechas de fin del mundo se ha hecho cargo el premio IG Novel de 2011 que premió a los profetas que fallaron en sus cálculos de fechas de fin del mundo. El premio se otorgó por “enseñar al mundo a ser cuidadoso al hacer cálculos matemáticos”. El premio fue para Dorothy Martin (fecha del fin 1954) Pat Robertson (1982) Elizabeth Clare (1990) Lee Jang Rim (1992) Credonia Mwerinde (1999) y Harold Camping (1994 y 2011). En este caso ninguno de los galardonados se presentó a la ceremonia. El premio IG Novel es una parodia del premio Novel y se entrega a grupos científicos cuyas investigaciones “primero hagan reír y luego pensar”.

    Y para más adelante se puede comentar que Isaac Newton, el gran físico y matemático por todos conocido, también habría aventurado sus estimaciones sobre la fecha del fin del mundo para el año 2060.

    Sin duda no faltan fechas pero yo deseo entregar mi punto de vista desde ambos vértices: lógico y religioso.

    En primer lugar, desde la lógica vemos cómo, a partir de la revolución industrial, hemos lanzado millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y hemos calentado el mundo entero. Estamos derritiendo los hielos polares, haciendo subir el nivel del mar y desertificando extensos territorios. Estamos provocando sequías y tormentas, desplazando el clima tropical fuera de los trópicos. Hemos contaminado el agua y hemos perforado la capa de ozono, y quién sabe si estos cambios estén generando el enjambre sísmico a nivel mundial que estamos viviendo, con grandes terremotos en distintos lugares casi todos los meses.

    Además, existen varios países con potencia nuclear como para destruir toda la vida en la tierra más de una vez, y continuamente están mostrando los dientes. ¿Acaso hoy se puede pensar racionalmente que el futuro está asegurado?

    Vemos la constante beligerancia de líderes norcoreanos, norteamericanos, de algunos sudamericanos y de otros tantos del mundo árabe, las incansables guerras en oriente próximo, el permanente choque frontal de paradigmas entre oriente y occidente y entre los adoradores del capital y los adoradores de la comunidad. ¿Realmente se puede esperar que líderes sabios y honestos actúen por el bien común y eviten que el mundo llegue a la 3º guerra mundial por el agua, el resto del petróleo y por la cosmovisión económica? Es difícil ser tan optimista pero aún así, nadie podría poner una fecha al colapso.

    En segundo lugar y desde una visión religiosa, que es la vertiente desde donde han nacido varias de las fechas de fin del mundo, tampoco se puede decir cuándo pues poner una fecha es una abierta contradicción doctrinal, al menos en el cristianismo. Ningún llamado cristiano puede poner una fecha ya que el mismo Cristo dejó claramente establecido que cuando sea el fin, nadie sabrá la fecha (San Marcos 13:32).

    Pero cuando vemos países abortando 30 millones de bebés al año, personas asesinando a otras por no compartir su religión, su punto de vista o su equipo de futbol favorito, familias totalmente desechas con hijos que no conocieron ni podrán replicar el concepto de hogar, codicia sin límites para apoderarse del presente y futuro de las personas y todo esto ocurriendo a espaldas de la conciencia de una población intelectualmente anulada por los medios de comunicación masivos, entonces sin duda algo tiene que ocurrir.

    Para hacer una aclaración, lo que dice la Biblia expresado en términos muy generales para no cazarme con ninguna corriente de interpretación, es que el fin de la civilización llegará paulatinamente: primero el mundo vivirá un colapso económico, político y sanitario acentuado por desastres naturales que lo llevarán a elegir a un solo gran líder mundial que maneje la crisis. Éste resolverá la mayoría de los problemas mediante una novedosa política económica: una moneda única mundial asociada al control sobre toda transacción, probablemente con la ayuda de un microchip implantado en la mano derecha o la frente. Ésta sería la legendaria “marca de la bestia”. Con esto acabará con la delincuencia, el tráfico de drogas, de armas, los sobornos, etc. Al ver esto, el mundo estará abierto a creer que éste líder es en realidad el “mesías” que necesitaba y lo amarán con devoción religiosa. No será de color rojo ni tendrá cuernos, por el contrario, probablemente use corbata y se gane la simpatía de las multitudes.

    La gente abandonará las iglesias por considerarlas retrógradas y un lastre moral para la nueva sociedad, y más tarde serán prohibidas por ley. El mundo tendrá el líder que quería y pensará que ya no necesita a Dios. Pero continuarán los grandes terremotos e inundaciones, guerras, grandes hambrunas, calor excesivo, subida del nivel del mar, contaminación de las aguas y enfermedades, aunque ahora la gente culpará a Dios y querrán expulsarlo de sus conciencias.

    Entonces éste líder conducirá al mundo a un enfrentamiento bélico contra los resabios de fe que aún queden, principalmente en Israel. La batalla se libraría cerca de la costa de Israel, en el valle llamado Armagedón. Esta gran guerra conducirá al fin del mundo como lo conocemos y lo llevará a una nueva era de paz bajo el gobierno de Dios, con solo un tercio de la población mundial sobreviviente. Por cierto, el gran líder y su ejército pierden la guerra.

    En un muy breve resumen eso es lo que la Biblia dice sobre el fin, pero jamás entrega fechas concretas, así que nadie del ámbito cristiano debiera ofrecer ni creer fechas para el fin.

    De modo que cada lector debería estar tranquilo porque el mundo no acabará este mes de diciembre, lo único que ocurrirá será otra profecía fallida que solo relevará la enorme cantidad de personas que se dejan atemorizar por estas psicosis colectivas que son muy bien aprovechadas por los medios de comunicación, vendiendo hasta el último extracto televisivo y cubriendo horas y horas de programación con este trabajo fácil de sentarse a elucubrar, asustar y desinformar a la población.

    No hay motivos para pensar lógicamente que el mundo se acabará en alguna fecha determinada, luego solo nos quedan motivos religiosos o místicos y ya hemos establecido que, al menos en el cristianismo, no existen ni existirán fechas, de modo que hago un llamado a la tranquilidad ya que si es profecía lo que se esgrime, el más grande de los profetas, Jesucristo, ha dicho que nadie sabrá la fecha del fin. En todo caso, deberíamos estar listos en cualquier momento para que todo termine, preparados para no dejar cuentas pendientes, daños no reparados y rencores no resueltos.