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    11.01.2013

    El desperdicio de alimentos y sus graves implicaciones

    La logística de la comida es difícil por ser un producto en general altamente perecible, lo cual provoca que mucha comida sea desperdiciada tanto en los cultivos como en las fábricas y en los hogares. Todos a veces debemos tirar a la basura algo de comida, aunque en ciertos hogares ésta es una práctica habitual y aceptada y en otros es censurada por motivos de economía o de conciencia.

    La FAO ha publicado en 2011 un informe llamado “Global Food Losses and Food Waste” o “Pérdidas y desecho de alimentos en el mundo”, disponible en http://www.fao.org/docrep/014/mb060e/mb060e00.pdf y que presenta las inquietantes cifras de desperdicio de comida en el mundo. Lo primero que hay que definir para entender este informe son las pérdidas y el desecho de alimentos. Las pérdidas se refieren a la parte de alimentos que se pierde durante la obtención, el procesamiento, transporte y almacenamiento, y el desperdicio se refiere a la comida en buen estado que los vendedores minoristas o los consumidores tiran a la basura. En ambos casos las cifras son abrumadoras ya que en conjunto superan a la mitad de la cosecha mundial de cereales y son mucho más que toda la producción de alimentos de áfrica.

    En los países ricos se desperdician al año 222 millones de toneladas, suficiente para alimentar a toda África. Hablamos de la comida que la gente tira a la basura porque no calculó bien la cantidad a preparar o porque no fue de su gusto.

    Torando la comida

    Además llama la atención en el informe algo que yo venía sospechando hace tiempo: las modernas normas de calidad de alimentos se han vuelto tan exigentes y en aspectos tan rebuscados, que gracias a ellas se pierde mucho del alimento producido en el mundo, contribuyendo de esta forma a la inflación de los alimentos y al hambre. Muchas personas estamos dispuestas a consumir un producto que no luzca “perfecto”, ya que en la naturaleza normalmente los alientos no lucen como arreglados para un concurso. Las normas de calidad y el marketing diseñado por los países ricos desdeñan a los alimentos en su esencia y exaltan a los productos excepcionales. Esta retorcida práctica puede ser sustentable para el hemisferio norte con sus altos ingresos per cápita, pero por cierto en los países pobres la gente no está dispuesta a desechar una manzana por no ser completamente roja. A veces me pregunto si las normas de calidad cambian cada año realmente para perfeccionarse o solo para renovar stock.

    Para mí los alimentos son un tema sensible de conciencia. No puedo desperdiciar alimentos sin la oscura sensación de estar privando de ellos a otro ser humano igual en naturaleza y dignidad que yo. Se puede pensar que la comida que yo tiro a la basura no afecta a nadie más, pero no es así y no lo es por una sencilla y contundente razón de mercado: en el mundo se desperdicia entre un 30% y un 50% de los alimentos que se producen, lo que quiere decir que compramos más de lo que necesitamos para comer una parte y tirar el resto. Si compramos más, hay más demanda, de modo que la oferta aumenta sus precios, y en un mercado globalizado aumentan los precios del mundo entero y entonces hay personas pasan hambre y hay personas que sencillamente no podrán comprar alimentos y morirán de hambre, no porque falten alimentos en el mundo sino porque quienes tienen más acostumbran tirar mucho a la basura. Es duro decirlo pero es una cruda realidad que se refleja en el siguiente contraste: en Europa y Norteamérica cada persona tira a la basura entre 95 y 115 kg de comida en buen estado al año, mientras que en África y Asia solo tiran de 6 a 11 kg.

    El estudio señala varios motivos y sugerencias para mejorar. Entre las sugerencias aplicables al consumidor figuran que éste se informe sobre los reales atributos de calidad de los alimentos. Yo lo explicaría de la siguiente forma: no creas que los tomates perfectos del supermercado son los únicos tomates aptos para consumo humano. Si te informas, sabrás que se trata de tomates obtenidos en condiciones muy lejanas a lo natural y que un tomate realmente natural no luce como un 1º premio de concurso. Al respecto, también es posible que los supermercados, que obligan a los productores a descartar ingentes cantidades de productos aptos para el consumo, vayan desarrollando un nicho de mercado para estos productos “sub-estándar” o como yo los llamaría, productos normales.

    Otra sugerencia es generar conciencia, para no tratar a los alimentos como cualquier otro producto del mercado. Esto ayudaría a planificar mejor las cantidades a almacenar y preparar, y las fechas de caducidad de los productos que compramos. Muchas veces no compramos una hamburguesa por que vence en dos días aunque pensemos comerla hoy. Si nadie compra esa hamburguesa, será desechada. En este sentido también es un factor importante el tamaño de las góndolas de exhibición de los supermercados, que son tan grandes que se requiere de mucho alimento para llenarlas, gran parte del cual en realidad ni siquiera se espera que sea vendido, sino que se exhibe para ofrecer una góndola agradable a la vista.

    Cada cual puede adoptar las medidas que sean necesarias para no desperdiciar alimentos. Si todos lo hacemos, veremos crecer nuestro presupuesto extra y habrá menos personas con hambre en el mundo.