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    16.12.2014

    Cambio climático: no llegamos a la cumbre

    contaminacion
    (Por Nelson Olave)

    La vigésima “Cumbre del Clima COP20″ finaliza el viernes 12 de diciembre de 2014 en Lima, Perú. Escribo estas líneas tras el cierre de lo que fue el último intento de la humanidad por hacerse cargo de su futuro.

    La reunión, con una duración de 12 días, ha convocado a 195 países a un intenso trabajo, donde los negociadores se esfuerzan para no hacer notar que sus países no están dispuestos a hacer nada si los demás no lo hacen primero. Esto se resume muy bien en las palabras del delegado de USA, John Kerry.

    “Sé que hay personas molestas porque los países más industrializados, entre ellos EE UU, hemos empeorado el planeta…Comprendemos nuestro papel de liderar esta lucha global, pero ningún país por sí mismo puede resolver el problema. No podemos pagar la cuenta solos”. Estas palabras contrastan con el hecho de que USA aporta el 24% de las emisiones de CO2 mundiales y aún así nunca firmó el protocolo de Kioto, ya expirado.

    También contrastan con la convocatoria del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon: “Les reto a venir a la cumbre con promesas audaces. La innovación, la ampliación, la cooperación y la ejecución de medidas concretas reducirán las emisiones y nos pondrán en el buen camino hacia la firma de un ambicioso acuerdo a través del proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”

    Mientras tanto, van quedando en evidencia los estragos provocados por el cambio climático tales como las inundaciones, deshielos, aluviones, inviernos de furia y veranos infernales alrededor del planeta. ¿Es esto tan cierto, o solo es un ardid contra los países ricos, las empresas petroleras o un simple arrebato hippie?

    Vamos por partes: la temperatura de la tierra se encuentra en un delicado equilibrio entre el calor que recibe del sol y el calor que irradia. Un planeta sin atmósfera tiene grandes variaciones de temperatura registrando cientos de grados en el día y cientos bajo cero en la noche. Pero la tierra tiene una atmósfera que le permite guardar parte del calor que recibe en el día y conservarlo para la noche, consiguiendo una temperatura equilibrada que permite la vida. La atmósfera posee algunos gases que cumplen la función de retener ese calor, siendo los más importantes el CO2 o dióxido de carbono y el CH4 o metano. Estos gases atrapan y retienen el calor del sol cumpliendo la función de un “invernadero”.

    El CO2, es producido por las combustiones y es atrapado por la vegetación que lo utiliza para su crecimiento, manteniendo un equilibrio entre la producción y el consumo de esta sustancia en la naturaleza. Sin embargo, la revolución industrial introdujo un nuevo actor: el motor de combustión. Desde entonces la humanidad ha quemado millones de toneladas de combustibles fósiles y lanzado millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, incrementando notablemente aquel efecto invernadero.

    Lo mismo pasa con el CH4 o metano, ya que la vida moderna y el consumo global de carne de vaca y cerdo en la comida rápida, ha generado que existan aproximadamente 1700 millones de vacas en el planeta y 1000 millones de cerdos, ambos grandes productores de metano que ha agudizado aún más el efecto invernadero ya que su impacto en el calentamiento es cuatro veces mayor que el del CO2.

    De este modo, el mundo está siendo literalmente destruido por el estilo de vida moderno. Pues bien, ¿qué estamos haciendo? Hasta ahora prácticamente nada. La cumbre de Lima tenía como objetivo conseguir un borrador de protocolo de acuerdo internacional y lo que se logró es que los países se “comprometieran a comprometerse” el 1 de octubre de 2015 con acciones concretas contra el calentamiento global, para generar un protocolo.

    En buen chileno, chutearon la pelota para el próximo año, año en que se debe generar un protocolo de acuerdo donde necesariamente debe sumarse USA y no seguir escabulléndose como lo hizo con el protocolo de Kioto. Los científicos han señalado que, de no tomarse acciones serias contra el calentamiento, éste sobrepasará los 2°C promedio a nivel global lo cual tendrá consecuencias mucho mayores de lo que hasta ahora hemos visto.

    Tú dirás: “son solo 2°C, si puedo soportar 30, podré soportar 32″ pero no es tan fácil. De hecho, el aumento de 2°C promedio en la atmósfera hace aumentar enormemente la cantidad de agua que estará evaporada en el aire en vez de estar líquida a nivel del suelo, extendiendo los desiertos y las zonas secas, desplazando los cultivos históricos, evaporando lagos y disminuyendo la cantidad de nieve acumulada (y con ella la energía hidroeléctrica y la capacidad de riego agrícola), derritiendo glaciares y generando grandes tormentas en los inviernos. Además, esto representará un aumento a nivel global de los requerimientos de energía para refrigeración, lo que podría hacer colapsar las redes eléctricas tal como ocurrió en Buenos Aires el verano pasado. No es un simple aumento de la temperatura promedio, sino que es un nuevo punto de equilibrio climático para el cual no estamos preparados.

    Nuestros líderes siguen protegiendo el capital como si fuera el único valor de la humanidad, protegiendo los intereses de las empresas que mueven las economías mundiales, manteniendo el petróleo en su sitial de honor en la cadena productiva, pudiendo desde hace años haberlo sustituido por energía solar, eólica, geotérmica o mareomotriz o alguna otra que se nos hubiera ocurrido y cuya investigación hubiéramos financiado. Pero habría sido necesario tomar la decisión; por un lado los todopoderosos capitales de la industria del petróleo, y por el otro lado los jóvenes científicos innovadores sin más capital que sus mentes iluminadas.

    No niego que el proceso de transición habría sido caótico y habría repercutido de forma devastadora en la economía, cayendo las bolsas debido a la obsolescencia de la industria basada en el petróleo. Hemos llegado a depender económicamente de aquello que destruye nuestra calidad de vida, al igual que un vicio; estamos enviciados de rapidez, tecnología y modernidad y eso nos está llevando a perder todo aquello que nos daba bienestar.