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    07.04.2015

    Dos noticias: una mala y otra peor

    aviones
    (Por Nelson Olave)

    Hace algún tiempo asistí a una charla donde un psicólogo realizó una curiosa dinámica: expuso al público a una serie de imágenes y música tristes y luego otras alegres y nos invitó a analizar lo que habíamos sentido en cada momento. El resultado fue que las imágenes de guerra, niños maltratados, accidentes e injusticias y la música de tonos menores y dolorosos arpegios, causó en el público un estado emocional de tristeza. Por otro lado las imágenes de niños sonrientes jugando con sus padres, de parejas enamoradas y de ancianos felices junto a una música alegre dejaron a los participantes con un buen ánimo.

    ¿Te has dado cuenta de que la televisión chilena transmite contenidos morbosamente repletos de sangre, odio y violencia? Las noticias son una parte importante de esos contenidos y en ellas se da la sensación de que nada bueno está pasando en el país, sino solamente desastres, fraudes y crímenes. Sin embargo, probablemente tú mismo experimentaste alguna cosa buena durante la última semana y puedes darte cuenta que eso no fue noticia. Quizá asististe a un museo o participaste de una actividad juvenil, un campeonato deportivo, un concierto, un operativo social de alguna ONG, una visita a un hogar de ancianos, un donativo a un hogar de niños, etc. La verdad es que pasan cosas buenas también pero son deliberadamente invisibilizadas por los medios de comunicación.

    Cabe preguntarse ¿por qué algo tan siniestro se amasa en los medios? Hay estudios que demuestran que las noticias que mejor se “venden” son las malas. Uno de esos estudios fue realizado por académicos de la Vanderbilt University de Estados Unidos y la McGill University de Canada y en él se demostró cómo los participantes declaraban que estaban más interesados por las buenas noticias, pero a la hora de elegir noticias de interés, escogían por amplio margen las malas noticias.

    Entonces las malas noticias venden más, de modo que tenemos un producto que se vende como pan caliente y que los medios tratarán de mantener, reutilizar e incrementar, tal como podemos apreciar diariamente. Algunos de estos casos han sido tan morbosos e inhumanamente insensibles como aquel donde la cámara se regodeaba en mostrar la expresión en el rostro de un padre en el momento de enterarse que su hijo había fallecido.

    Pero tristemente las malas noticias no solo son un buen negocio. Estudios muestran que existe relación entre las malas noticias y la salud mental de las personas expuestas a ellas. La PhD. Roxane Cohen Silver, de la Northwestern University, ha realizado varios estudios sobre la salud mental en relación a desastres naturales, atentados y a los contenidos cotidianos de los medios, incluyendo tres estudios relacionados con nuestro terremoto del 27 F. Los resultados en general muestran que las personas que ven televisión por varias horas al día y se exponen a variedad de imágenes y mensajes de tristeza, caos y violencia, son mucho más vulnerables a desarrollar trastornos mentales que aquellas que no se exponen tanto. Pero esto no es nuevo.

    El efecto desmoralizador de las malas noticias es conocido y utilizado por los ejércitos desde la antigüedad. Un ejército que consiguió una victoria contra todas las apuestas fue el de Vietnam, que mediante el uso de la astucia, la naturaleza y un muy cuidado tratamiento del efecto desmoralizador sobre el enemigo, logró la victoria sobre el ejército de EEUU en 1975 y lo logró sin usar armas de destrucción masiva como las que utilizó USA contra las ciudades “civiles” de Hiroshima y Nagasaki con niños, ancianos, enfermos, hospitales, colegios y todo, cuyo efecto desmoralizador también aterró al mundo entero y tuvo como efecto el fin del último bastión de la 2°guerra mundial. El terror fundado e infundido por USA contra Japón después del ataque es evidente en las palabras del presidente norteamericano de la época, Harry Truman: “…publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra”. Sin duda son palabras comparables con las del actual estado Islámico, quien ha aprendido de aquellos horrores para hilar una cuidada campaña mediática del terror. Las malas noticias no solo venden, también desmoralizan al punto de rendirse y dejar de luchar.

    Hace unos días la presidenta Michelle Bachelet pidió a los medios de comunicación que no dieran tan solo malas noticias. Viniendo de una presidenta de inmediato parece un acto de censura política. Pero para quienes no somos militantes políticos y podemos pensar fuera de la política, es muy propio y sano también que el líder de la nación busque la salud mental de la ciudadanía. No niego que eso también contribuiría a detener su estrepitosa caída de confianza y aprobación, pero aun así, no es sano para nadie que los medios den la sensación de que estamos viviendo en ciudad de Juárez o en el Medellin de los 80´, siendo que nuestra sociedad es mucho más que femicidios, lumpen o un grupo de poderosos defraudando al Estado. En Chile también pasan muchas cosas buenas y hay muchas buenas personas que hacen cosas buenas a diario, y si no puedes verlas es porque quizá ya te has enfermado y tu mente está predispuesta para entender el mundo desde una perspectiva pesimista.

    Lo que hay que hacer es tomar una decisión: quieres ser un consumidor de malas noticias, enriqueciendo a los medios de comunicación con tu morbo y agitación o quieres vivir en la medida de paz que aún es posible en nuestro país. Para ello unos consejos:

    - Entérate las noticias una sola vez al día. Los medios reciclan las noticias varias veces en el día y por varios días.

    - Selecciona un medio de comunicación que no sea morboso. Algunos canales de televisión están en una abierta campaña del terror para con la ciudadanía. Evítalos por salud mental.

    - Cuando lleguen malas noticias, piensa también que tú estás aportando para que el mundo sea mejor y que tienes un efecto positivo en tu entorno. Cuida que así sea.

    - No caigas en el juego de los políticos. Ellos permanecerán firmes tratando de desacreditar al bando contrario con acusaciones constantes, algunas verdaderas y otras falsas, y no les importará sumir al país en un mar de confusión, temor y enojo.

    - No te dejes llevar por el morbo: consume también buenas noticias. Busca y exige que se informen las cosas buenas que están pasando a diario en el medio local y nacional.
    Trata de ver el aspecto positivo de las cosas y de las personas. Todos cometemos errores pero solemos encontrar abominables los errores ajenos e insignificantes los propios. Ni lo uno ni lo otro, somos humanos y los poderosos defraudan en miles de millones pero los pequeños también defraudan en no pagar el transantiago, en falsear la información de la ficha CAS, en robar electricidad o wifi del vecino o cosas del trabajo, en tomar deudas que no podrán pagar y luego culpar a otro, etc. Tú concéntrate en no defraudar. Solo desde esa posición podrás apreciar sus pobres almas insaciables pero enjutas.

    Aléjate del mundanal ruido de vez en cuando; deja de ver noticias, telenovelas y otros contenidos violentos o que inducen a emociones negativas por algunos días, y vuélvete a la naturaleza o a tu pasatiempo, a tu jardín, a un buen libro o lo mejor de todo, si eres creyente vuélvete a Dios.

    Prueba estos consejos y estoy seguro que te sentirás menos asustado, ansioso y enojado, y lo notarás tú y quienes te rodean.