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    16.11.2012

    King Animal: El regreso de Soundgarden

    Tras varios años de ausencia y luego de muchos intentos de Chris Cornell por mantenerse vigente, ya sea cantando Billie Jean, asociándose con Timbaland o versionando de forma acústica viejos clásicos, finalmente se cumplió lo que muchos esperábamos: el regreso de Soundgarden.

    No es para menos, pues con el fin de los noventas también se nos escapó una de las bandas más importantes y emblemáticas de la época, quizás los más fieles a su estilo y los primeros de los cuatro grandes del grunge en ver la luz. Este año volvieron a reunirse y a entregar un nuevo trabajo, “King Animal”.

    Más que un disco inédito hay que entenderlo como “el regreso de”, una mirada al pasado, una vuelta a los orígenes, porque si tratamos de buscar algo nuevo en el disco no habrá mucho para sorprendernos. No obstante, esta producción tiene más puntos altos que bajos.

    De partida es muy difícil compararlo con algo que ya haya realizado Soundgarden. No suena a Down on the Upside y definitivamente no es la continuación del Superunknown, pero no deja de tener pequeños guiños a esos discos. Se trata de un álbum bastante digerible y que a pesar de seguir la línea lógica del sonido de la banda logra crear con tintes renovados a partir de eso.

    Debo reconocer que empecé a escucharlo pensando en encontrarme con algo más parecido a Audioslave, pero no fue así, en gran medida gracias a la asociación armónica Thayil – Cornell que sigue funcionando sin fisuras, con riffs pesados muy pegajosos y que dejan el espacio abierto para que Chris pueda desenvolverse de manera natural. Me tragué mis palabras.

    El disco empieza con mucha fuerza a través de “Been away too long” y se mantiene ahí para poco a poco crear un ambiente más pausado en “Bones of birds”, que a ratos me recordó la magnífica “Boot Camp”. Luego de eso me sorprendí en “Taree” con la voz de Cornell, que en otros proyectos y muchas ocasiones en vivo sonó desgastada, pero no en esta grabación.

    Hay canciones muy interesantes como “Blood on the valley floor”, “Attrition”, “Worse dreams” y “Eyelid’s Mouth” que hacen de este trabajo un buen regalo para la colección, pero que también nos recuerdan la excelencia compositiva y la ejecución enérgica de Matt Cameron y Ben Shepherd como bases rítmicas.

    Es un disco parejo y con buenas canciones, pero no es el Badmotorfinger y hay que entenderlo como lo que es, sin tratar de buscar aspectos del pasado. Los tiempos cambian y son bandas como Soundgarden las que nos refriegan en la cara, que cuando una alineación es buena, puede volver en gloria y majestad.