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    18.06.2013

    El esperado regreso de Black Sabbath

    black-banda

    Tras la muerte del mítico Ronnie James Dio todo quedó en puntos suspensivos para Iommi y compañía. Hasta ahí no más llegaba Heaven and Hell, la versión Dio de Black Sabbath, y aparentemente la posibilidad para que Geezer, Bill y el maestro Tony se mantuvieran vigentes también se desvanecía por culpa de aquél fatídico cáncer.

    Por otro lado, Ozzy Osbourne, el otrora frontman de los Sabbath por allá en los 70’s, pudo seguir adelante como solista y con bastantes éxitos a su haber. Sin embargo, desde mediados de los ’00 todo empezó a decaer para el “príncipe de la oscuridad”. Su reality show ya le había restado credibilidad, y los problemas legales con Iommi y el resto de los creadores de Iron Man continuaban. No había por donde.

    Pero por obra divina, y sólo Dio ( o Dios) sabe cómo, se lograron limar las asperezas y se selló el acuerdo para volver a rearmar desde cero una maquinaria que al menos dos generaciones esperaban ver ansiosos por primera vez. Black Sabbath anunciaba su regreso.

    Como toda reunión, bien sabían que habría mucho dinero que facturar en sus arcas, pero claramente esa no era la razón. ¿Cuánto dinero podría faltarle a Ozzy o Iommi? Esa no era la motivación. Ahora bien, se podía esperar una gira mundial, pero… ¿un disco? Déjenme decirles que en ese momento se me cayó la cara y volví a tener fé en la humanidad. La música era la responsable del milagro.

    13”, ni más ni menos. Quedé decepcionado con el nombre, porque está bien manoseado titular con un número, pero no importó, los Sabbath son como los Zeppelin oscuros, así que se les perdonan muchas cosas, con mayor razón después que incluso confirmaran una gira por Sudamérica (la cual pasará por nuestro país en Septiembre). Perdonados con creces.

    Desde lejos todo parecía bien, pero no era tan perfecto por dentro. Retrocedamos un poco. A meses que se comunicara la buena nueva, se empezaron a registrar diferencias entre sus integrantes, básicamente problemas contractuales entre Black Sabbath y Bill Ward, quien a través de un comunicado dijo que ya no iba más. Acto seguido, se lamentó el hecho mediante otro comunicado de la banda, para luego incluir rápidamente al ex Rage Against The Machine, Brad Wilk, por consejo directo de otro señor del rock, Rick Rubin, y parchar en seguida ese espacio no menor que dejaba Ward.

    Algunos dirán “no importa, no se nota”. Error, se nota, y de qué manera. No es que Wilk no lo haga bien, al contrario, sale bien parado del paso. Pero convengamos en que la batería de Bill era traspasar el blues, en un estado casi puro, al rock rabioso y oscuro de Sabbath. Esa atmósfera no se reemplaza así como así, pero para los efectos del disco y las giras, puedo darle toda la razón al argumento de Rubin.

    Superado eso, se complica el cáncer linfático que aqueja desde hace varios años a Tony, lo cual desaceleró todo el proceso de giras y grabación. Este ritmo pausado, producto de su delicado estado de salud continúa hasta hoy, provocando que el guitarrista deba irse de gira y volver al hospital para tratarse y partir de nuevo.

    Las cosas no han sido fáciles de realizar, pero era necesario y el momento adecuado para llevarlo a cabo. De otra forma, dudo que Geezer, Ozzy y Tony pudieran haber provocado tanto revuelo en materia musical otra vez, al nivel que impactó la noticia en todo el mundo. Más concreto aún, de no ser por el fallecimiento de Ronnie James Dio, nada hubiera pasado y cada quien por su lado. Era ahora o nunca.

    “13”

    Es bueno partir diciendo que efectivamente suena a Black Sabbath. Claro, hay fórmulas intencionadas para que el álbum suene de esta manera y no de otra. Canciones largas, de muchos riffs, simplecitos y bluseros, con un gancho intermedio. No al estilo de Paranoid o el homónimo, pero si ganchero para unos tipos que a fin de cuentas lo han hecho todo en una corrida non stop.

    El disco en general tiene himnos bastantes apocalípticos, claro ejemplo son los dos primeros singles de la placa, “The end of the Beginning” y “God is dead?”. Le sigue un corte muy fresco que es “Loner”, que de inmediato te atrapa con el filoso riff de Iommi, y que mantiene un poco más activo a Ozzy en la voz.

    Cuando llegas a “Zeitgeist”, inevitablemente piensas en “Planet Caravan” por su tempo calmado y el parecido del filtro en la voz.  Es la canción más psicodélica del álbum y una de las mejores logradas a mi parecer.

    Una de las conclusiones posibles que me deja “13” es que cada canción cumple con la obligación de transportarte a una época específica de Black Sabbath, partiendo por su sonido más clásico para luego ir variando a medida que avanza. Bien podría entenderse como un recorrido a lo largo de la historia de los de Birmingham. Un viaje en el tiempo a través de los ojos de sus protagonistas.

    Quizás no es hasta “Age of Reason” que podemos saborear un solo de guitarra tan exquisito como el que interpreta Iommi. Sin duda es un momento épico y uno de los peaks del nuevo disco. “Live Forever” es una de las canciones que tiene más significado, tanto por el contexto de sus integrantes, como por lo sincera que llega a ser.

    Finalmente “Damaged Soul” y “Dear father” van marcando la salida con gran clase, muy cargados a las armonías y a las distintas voces de guitarra, con caídas y subidas de intensidad, extensas y dinámicas, donde más allá de dejar que se luzca Tony, abre el espacio para que Geezer juegue de verdad con el bajo y le imprima la consistencia mágica que completa cualquier canción de Sabbath, su peso.

    No es un álbum debut ni de canciones pegajosas, obviamente porque todos los pasos que se dieron en esta grabación están muy bien pensados. Bandas con esta trayectoria tienen mucho que perder a diferencia de cuando empiezan, por lo que sería absurdo dejar cosas al azar. Es común que los álbumes de reunión suelan carecer de esa efervescencia adolescente que los caracterizó en algún momento. A pesar de eso, el genio es indiscutible, “13” perfectamente puede sonar en la radio, pues no tiene canciones planas y logra rescatar mucho de su esencia setentera. Tiene aspectos muy frescos y otros completamente premeditados, como así otros matices que podrían entrar en discusión, pero que en definitiva restan importancia al tema de fondo: Black Sabbath está de vuelta y ojalá que estén ahí por mucho tiempo más.