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    10.07.2013

    Una cosa va llevando a la otra

    parapente iquique

    Hace unos meses, desde el fin del verano a decir verdad,  un pequeño grupo de parapentistas del sur estamos planificando nuestras vacaciones de invierno en bandada. Habíamos hablado de ir a Río de Janeiro, a volar al lado del Cristo Redentor y a beber unas caipiriñas una vez aterrizados en la blanca arena de Ipanema, pero empezamos a postergar la decisión, en parte producto de las noticias de alerta sanitaria que indicaba un brote de enfermedad de Dengue.

    Fueron pasando los días, vinieron los lunes negros y los descalabros del comercio bursátil, el cambio del valor del dólar y el aumento general de precios debido al próximo mundial de fútbol. Así, llegó un momento en que el valor de los pasajes aéreos subió tanto, que nos hizo poner los ojos en Iquique.

    Iquique no es malo. Iquique goza de un clima extraordinario para el vuelo. Dicen que allá se vuela 360 días al año, dejando un margen de solo cinco días de mal tiempo por el invierno boliviano. En Iquique hay varias escuelas de parapente e incluso un hotel, el Flightpark, específicamente diseñado para las necesidades de los parapentistas nacionales y extranjeros, con las tres B por estrellas.

    La ciudad entera ha integrado al parapente dentro de su oferta turística. La carretera a Alto Hospicio, cada tanto, va decorada con señalética municipal que indica nuestra presencia en vuelo. No falta la ocasión de ir subiendo por esa carretera y apreciar como van descendiendo algunos biplazas y parapentes con rumbo a Playa Brava.

    A la gente le gusta observarnos. Muchos camioneros ascienden por la carretera lentamente y hacen sonar sus potentes bocinas tras nuestro aéreo cruce. Una vez aterrizados en Huaiquique, Playa Brava o en Cavancha; no falta quien se nos acerca y nos hace preguntas respecto del costo del vuelo biplaza, del curso, de los equipos y de la sensación; o nos pide permiso para sacarse alguna fotografía al lado nuestro.

    Me gusta la sorpresa en la voz cuando me saco el casco y más de alguien exclama: “¡Mira, es mujer! ¡Qué valiente!”. El ego… algo le pasa al ego en esos momentos. Una imagen de mi misma aparece en mi mente, erguida y con el pecho inflado, como paloma, después de un buen aterrizaje. Luego, me vuelvo consciente de que debo trabajar en mi egocentrismo y volverme humilde, así que ligerito empiezo a darle gracias a Dios por haberme permitido un nuevo vuelo y un buen aterrizaje.

    Las imágenes… uuuuhhhh las imágenes que quedan en la mente.La gigantesca duna conocida como Cerro Dragón, en la hora dorada, previamente al ocaso, es una maravillosa imagen que conservar en la retina. O ver desde 700 metros de altura como van quedando atrás las casas, las plazas, las calles, los cables, el mall, las canchas de tenis, los edificios, las palmeras de la costanera y volar sobre ese inmenso mar que a ratos es azul, mezclado con tonos de turquesa y calipso, con su espumoso borde acariciando la arena blanca allá abajo… es precioso.

    ¿Cómo poder explicar la dicha que se siente cuando alguna gaviota se pone volar junto a uno? Es divertido mirarlas y que ellas me miren. Siempre imagino conversaciones con las gaviotas, en las que tarde o temprano ellas me dicen “¿Y tú? ¿Qué haces en mi territorio?”.

    Falta poquito. Tan solo dos días para dejar el aire contaminado del Temuco invernal, frío, lluvioso y desprovisto de vuelos; para llegar al paraíso del parapentista en Chile, a volar.

    Y esto de las imágenes y querer conservarlas y transmitirlas me ha llevado a otro hobby:  la fotografía y el video. Mi cámara Drift me acompaña casi siempre. He editado más de cuarenta videos que comparto en YouTube, bajo el nickname de Ximenix Skywalker. Tengo más de 2000 fotos en Facebook que también han sido el gancho para ir conociendo a otra gente, principalmente parapentistas chilenos y extranjeros.

    Y una cosa va llevando a la otra… Hace unos días adquirí una cámara Reflex para aficionados y llevo los mismos días estudiando cómo hacer con ella buenos timelapses, para insertarlos en mis videos. De Iquique uno se trae puros buenos recuerdos. Además de los nunca mal recibidos perfumes de la Zofri. En esta oportunidad, seguro que me traeré algún accesorio para la cámara Reflex.

    Pero lo que más quiero es un montón de horas de vuelo y kilómetros recorridos, para sumar en la bitácora de vuelos.

    Iquique… ¡no veo las horas de estar en Iquique!