Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    20.05.2013

    Identidades Borradas

    Valdivia

    Valdivia no es el lugar que era antes. Apenas pongo un pie fuera de mi casa comienza a envolverme una sensación de energías extrañas y bajas vibraciones,  y se vuelca ante mí un paisaje tétrico. En el último tiempo mi ciudad se muestra fría y gris, como si llevara puesta una mortaja. Luego de incendios y algunas desafortunadas demoliciones que han dado paso a construcciones anacrónicas y pseudo futuristas aún más deprimentes, la perla -luego de perder el brillo- se esconde moribunda entre las valvas de su ostra.

    Existen esquinas olvidadas convertidas en estacionamientos. Esquinas donde antaño hubo una panadería o una zapatería de fabricación local, cuando el retail era un dragón dormido, un enemigo distante de la economía provincial. Las tienditas tipo boutique con ropa de Patronato emergen como hongos silvestres en cada cuadra y a veces me pregunto si al entrar en una me encontraré con una especie de Pitufo atendiendo detrás del mostrador.

    Las galerías del centro son verdaderos microcosmos donde pareciera coexistir la decadencia y la desidia, conformando un conglomerado de tiendas que subsisten casi por inercia. Hoy en día nadie podría explicarse que hace veinte años el motor económico del comercio hubiese estado precisamente en ese tipo de locales.

    Reconozco que en el último tiempo no sólo los edificios de toda la vida han desaparecido, sino que la muerte ha tocado sin cesar también a mi puerta. Viejos compañeros de viaje se han ido en los últimos años y con ellos se ha esfumado también parte de mi vida. Mi adolescencia con el correr del tiempo me sabe más rancia y cada vez siento menos ganas de saborearla.

    A medida que mi mapa inicial se va borrando, los recuerdos en mi mente se apilan uno sobre otro como si ya no quedara espacio y la realidad tiende a fusionarse con la ilusión de volver a ser lo que fuimos. Vendrán nuevas personas, cuando todos nosotros hayamos pasado y las fisonomías urbanas seguirán cambiando, mostrando como cicatrices la intervención de la mano del hombre.

    Los viejos edificios que aún perduran en el centro asemejan viejos elefantes que pronto emprenderán la marcha para ir a morir a un lugar secreto, pero mientras se mantienen estoicos contemplando cómo el óxido y el moho resurgen de sus entrañas, los reciben para librar una última batalla, como enemigos de otros tiempos.