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    13.06.2013

    Obituario de un plano olvidado

    plaza valdivia

    Para un valdiviano promedio es algo común y corriente ir al centro a hacer algún trámite, ya que en este lugar se concentran prácticamente todas las oficinas y el principal comercio. A quienes esta hermosa y contradictoria ciudad nos ha visto crecer, nos provoca de vez en cuando cierta pena, nostalgia e incluso rabia el ver cómo grandes cadenas se apoderan de espacios que pertenecieron por décadas a pintorescos negocios de emprendimiento local, que destacaban por su calidad y buena atención. Ahora vemos como farmacias, multitiendas y negocios de artículos traídos desde Asia saturan las primeras cuadras de Picarte, transformando nuestra idílica postal provinciana en una copia burda del centro de Santiago.

    Para que usted recupere su vulnerada identidad sureña, le recomiendo que recuerde éste artículo cada vez que vaya a comprar alguna chuchería.

    Para evitar hacer cualquier tipo de publicidad, llamaremos al primer sector Esquina A y esquina B. Este lugar, ubicado justo en frente de la Plaza de la República, alberga dos grandes farmacias pertenecientes a importantes cadenas. En la Esquina A se encontraba Pazos, esa tienda donde muchos comprábamos nuestros uniformes escolares y luego salíamos de la mano de nuestras mamás con la típica bolsa café con leche matizada en infinitas combinaciones de marrón y beige. En la Esquina B estaba Llorente, donde sin lugar a dudas llegaban las mejores telas de la ciudad.

    Bajando por Picarte el panorama no mejora. Donde ahora hay un supermercado express estaba Vestex, ahí encontrábamos de todo un poco, desde ropa hasta electrodomésticos. Más abajo estaba la Casa Berta, que vendía menaje y artículos de bazar. Luego, en la esquina siguiente, estaba la Casa Álvarez con sus colchones, la cual se quemó en un voraz incendio junto a la Casa del Niño que vendía lanas y ajuares.

    En la vereda contraria se ubicaba la Casa Helle, famosa por sus relojes de todas las marcas. También estaba la Casa Lagos o Lagosport, que vendía artículos deportivos. Recuerdo haber comprado ahí pelotas y una raqueta de tenis que jamás ocupé.

    Por último, el desaparecido Domburgo, ubicado junto al Cine Cervantes y la Sombrerería Capital; que aún se mantiene estoica en el lugar de siempre. En Domburgo comprábamos los buzos del colegio, las últimas zapatillas y en el primer piso se ubicaban los artículos de pesca y caza.

    Como verán me falta espacio para nombrarlos a todos. Resulta curioso que a la mayoría de los nombres de los negocios se le anteponía el sustantivo “casa”, porque esa es, o al menos lo fue, la identidad valdiviana. Personas hogareñas, siempre mojadas y muertas de frío, gente de pueblo, un poco peladora y desconfiada, pero amante de su ciudad, una ciudad que muere todos los días un poco sin que hagamos nada por evitarlo.