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    03.07.2013

    El terror de Los Ríos: La nube negra

    nube

    La historia que voy a contar es poco conocida, pero tiene algunos testigos confiables que han preferido no revelar su nombre. Lo sucedido está ligado a ciertas  confesiones de ilícitos,  por eso respetaré el pacto de confidencialidad, relatando los hechos sin mencionar la identidad de los involucrados, tal cual como ocurrieron  hace algún tiempo.

    Según dicen ciertos valdivianos de nacimiento y otros que se han convertido en hijos ilustres de nuestra ciudad por fortuna del destino, en un callejón ubicado en General Lagos, casi al llegar a Domeyko, en noches de neblina emerge una especie de nube negra y espesa desde las sombras y envuelve a los transeúntes quienes rompen en angustia y agitación tras andar unos cuantos pasos. El  vapor surge de forma inesperada, no tiene un aroma específico pero su presencia embriaga los sentidos y al primer contacto la persona siente un  sopor que antecede al pánico.

    La entidad suele atacar a personas que caminan solas y de noche por ese sector donde alguna vez funcionó Obras Portuarias y todavía en ocasiones puede verse algún barco anclado, tal vez esperando que lo reparen. Desconozco si aquel sitio funciona de día como astillero, pero esa es la impresión que me da.

    A continuación relataré brevemente tres testimonios recogidos de personas que se han encontrado con la sombra.

    B caminaba por el sector desde el centro hacia su cabaña a eso de las tres de la mañana, venía de vuelta de una celebración en un local del centro cuando pasó por fuera del callejón. Era invierno y una neblina blanca y cerrada no dejaba ver más que un par de pasos adelante. Fue justamente por el contraste de colores que pudo identificar a la nube negra poco antes de verse envuelto en ella. Según recuerda B, primero se sintió confundido y segundos después percibió que aquello lo abrazaba y lo trataba de absorber, entrando en un estado de terror inmediato. Caminó algunos pasos intentado zafarse sin poder gritar aunque quisiera hacerlo. No recuerda cómo llegó a su casa, pero de pronto se encontró en el portón resoplando sobre la reja.

    G -en esos años, tenía algunos negocios algo ilícitos en el sector. Su clientela estaba constituida mayormente por universitarios conocidos que se pasaban el dato. Una noche, esperando a un amigo que vendría a su encuentro justo en esa esquina, G se sintió observado. No había gente ni automóviles en la calle y un silencio aterrador inundaba el ambiente, por lo que comenzó a sentirse muy nervioso. De pronto sintió que la luz de las luminarias se volvía más tenue y que su vista se nublaba. Cuando se dio vuelta para mirar atrás no vio la vereda ni las casas, estaba rodeado por una masa negra que lo cegaba.

    M siempre fue responsable. Ese día volvía de la universidad luego de quedarse en el laboratorio hasta tarde. Hacía mucho frío y según recuerda también la calle estaba solitaria. De un momento a otro, cuenta que empezó a sentir mucho miedo, de manera inexplicable. Cuando miró hacia los lados pudo ver la sombra acercándose desde el callejón a gran velocidad, afortunadamente el iba por la vereda del frente y logró huir, pero cuenta que cuando se alejaba alcanzó a escuchar un gemido ronco como el de un animal.  M es el único que relata haber visto la sombra desde fuera, sin ser envuelto por ella y haber oído algún ruido la noche en que fue atacado.

    Indagando con gente antigua que ha vivido siempre en Valdivia, pude recopilar un par de datos. Algunos me aseguraron que durante el régimen militar se cometieron muchos abusos en ese callejón, pero también me contaron que antes de 1973 hubo un psicópata en serie que asesinaba a asesoras del hogar que se dirigían temprano en las mañanas a sus lugares de trabajo. No tengo pruebas para atribuir la existencia de la sombra a alguno de estos hechos, pero tal vez la energía oscura que emana del sitio provenga de una maldad incluso anterior que se quedó ahí para siempre. Yo solo puedo decir que existe porque también la he visto, así como cuentan otros que han sentido su poder maligno y que aún tiemblan al recordarla.