Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    12.07.2013

    La persona del espejo

    espejo

    ¿Cuántas veces hemos despertado confundidos, caminando hacia el baño presas del sonambulismo?  En ese tránsito aturdido, en que el trayecto del dormitorio al pasillo parece durar siglos, la mente fluye poderosa y se va de paseo a lugares inimaginables mientras nuestro cuerpo adopta posturas indignas y coordinamos nuestras extremidades sólo por inercia.

    En ocasiones, al vernos el rostro reflejado en el espejo, tardamos algunos segundos en reconocer la imagen que está frente a nosotros. Algunas veces no  nos importa y despreocupadamente tratamos de hacer memoria para saber qué hacemos ahí realmente. Lo primero que pensamos es si aquel lugar donde nos encontramos es la casa propia o estamos de visita. También pensamos en qué país, en qué época vivimos o cuál es nuestro nombre, todos ejercicios infructuosos, luego los recuerdos regresan y sonreímos pánfilamente. Pero en ciertas oportunidades la memoria no logra volver a su sitio y la incertidumbre se apodera del momento. La persona del espejo nos mira fijamente sin quitar la vista de nosotros y rápidamente entramos en pánico  porque el alma quiere salirse del cuerpo.

    De esas contadas ocasiones, en que la persona del espejo pareciera jugarnos una cruel broma, se desprende una teoría que quisiera compartir con ustedes. Mientras dormimos el espíritu sale del cuerpo, pero cuando intenta regresar se confunde de persona y nos abandona.

    Ocurre que todos tenemos un doble en la vida. La mayoría no lo ha visto jamás y tal vez nunca se encuentre frente a frente con esa persona, pero ese ser es una copia tan idéntica que podría suplantarnos arrebatándonos incluso a nuestra propia madre, sin que ella se diera cuenta. En mi caso particular, sé que mi doble vive en Valdivia, su nombre es Edith. Varias veces me han confundido con ella en diversos lugares, por ejemplo, sé que trabajó en un conocido supermercado y cada vez que voy a comprar ahí el personal administrativo me sonríe y luego al verme muy de cerca, retiran la mirada avergonzados al comprobar que se han equivocado de persona. Hace pocos días fui a una tienda de ropa y el cajero insistió en llamarme Edith, hasta que por fin, tras varios minutos de torpes explicaciones de mi parte, se convenció que yo era otra persona. Una vez un señor de edad avanzada en un mini market, también seguro de que yo era mi doble, en la graciosa tozudez de los ancianos, quiso convencerme de que yo era Edith mostrándome que mis manos estaban rojas y frías, igual que las de ella, por lo tanto yo no podía ser otra más que la chica en cuestión.

    Existen quienes hablan del efecto de resonancia de Schumann y dicen que si dos individuos idénticos en vibración se encuentran en un punto exacto, en un espacio de tiempo determinado, ambas masas críticas colapsan desintegrándose por completo. Puede que algún día esto ocurra y desde hace algún tiempo imagino que esto tendrá lugar cruzando el puente Pedro de Valdivia. Un día cualquiera me encontraré con mi clon y antes de que la catástrofe se desencadene, podremos estrecharnos la mano.

    Han sido tantas confusiones durante los últimos diez años, que mentiría si digo que no tengo curiosidad por saber de quién se trata, tal vez a ella también la han confundido conmigo y se pregunta las mismas cosas que yo. Hoy en día existen más herramientas tecnológicas que hace una década, gracias a las cuales encontrar a una persona resulta muy fácil, pero aún la curiosidad no me mata como para jugar al Stalker de Tarkovski.