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    18.07.2013

    La inspiración

    maquina de escribir

    El proceso creativo es un monstruo que crece en forma desmedida fracturándonos la psiquis y alimentándose de nuestra imaginación. Todo resultado de ese círculo de muerte y destrucción resulta ser un engendro, una amalgama de los miedos y vicios que desmoronan nuestra moral materializándose en una obra.

    ¿Se han preguntado alguna vez qué estaba haciendo el autor de un libro cuando la escribía?, ¿qué música oía en el momento en que escribió el pasaje que logró cautivarlos y que a lo mejor hasta los hizo  llorar? o ¿en quién pensaba cuando compuso esas palabras tan hermosas? y si ¿estaba del todo conforme con el material que fluía de su cabeza hacia sus dedos moribundos?

    Lo que voy a relatar sucedió hace bastante tiempo. Ese día,  fui al centro y estaba todo cerrado. Entré a un lugar donde había un hombre que hablaba raro, la verdad es que ese tipo me era familiar porque le había comprado antes. Tendría unos 50 años y qué se yo qué hacía aparte de atender ese boliche, la verdad creo que no vi jamás un tipo más corriente en toda mi vida. Lo que no deja de ser curioso, es que este señor se dedicaba a vender, sin el más mínimo pudor, partes del cuerpo para confeccionar muñecos.

    Seguro que más de alguno querrá saber qué estoy haciendo ahora. En este minuto estoy oyendo la misma canción una y otra vez desde hace ya varios episodios de tiempo y escribiendo una historia que es más real de lo que creen. Si este relato fuera ficticio se adornaría por sí mismo, pero como la vida real puede llegar a carecer de retórica propia, démosle una pincelada de magia a estos personajes que a esta misma hora podrían estar varios metros bajo tierra.

    Me gustaría enfatizar en lo del hombre que tiene la facultad de descuartizar sin ser visto, el dependiente de la tiendita. Varios artículos extraños colgaban del techo, había pantallas de luz en forma de globo, faroles de papel, artesanías en cerámica de colores y pendones con leyendas melosas. El ambiente olía intensamente a incienso, el hombre estaba de pie tras el mostrador mirando hacia un exótico espejo de marco dorado que estaba justo frente a él. Cuando entré a la tienda, en vez de reparar en todos los curiosos objetos que atiborraban las estanterías, detuve la mirada en un grotesco anillo con una piedra oscura en el centro. Claramente aquello era más que un simple bazar y me encontraba frente a un nigromante. Le compré un par de ojos, diferentes hilos, una nariz que jamás usé y unos cuántos centímetros de cabello. El elegía cuidadosamente las partes y las probaba encima de superficies libres, como dibujando rostros imaginarios.

    Así llegué donde el hacedor de milagros, el hombre que es capaz de venderme un ser por partes para que yo misma le de la forma que deseo, en el fondo, el también me traspasaba su don con cada pieza que me entregaba. Nunca más volví a la tienda y juraría que hace algún tiempo desapareció y en su lugar instalaron otro puesto de importaciones asiáticas… esperemos  que todo siga bien para nuestro amigo.

    La inspiración es aliada del monstruo, te hace dormir confiado bajo el árbol de las ideas, para luego atraparte con sus raíces y succionarte a las entrañas de la tierra, lugar del que no todos pueden regresar.

    Un poco de música para amenizar