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    23.07.2013

    Sábados fluviales

    feria fluvial

    Los rituales de fin de semana definen a las personas, al igual que las costumbres ancestrales dan forma al carácter colectivo de los pueblos. Conforme la modernidad se apodera de la rutina diaria, intenta definir cada uno de nuestros gustos y necesidades, quitándonos un poco la autonomía. Pero existen ciertas tradiciones que parecieran sobrevivir al paso de los años y sobreponerse por encima de hábitos impuestos por la sociedad de consumo.

    Resulta común para los valdivianos, sobre todo en invierno, huir al mall a buscar refugio durante las frías tardes y encontrar ahí el alivio al antojo y al aburrimiento. Si bien no critico el distraerse en lugares como ese, quisiera recordarles que existen muchas otras  alternativas culinarias y de esparcimiento típicas de ésta zona, que encierran gran parte de nuestra sabiduría popular y nos recuerdan lo afortunados que somos al vivir en una  ciudad que tiene hermosos ríos y duerme junto al mar.

    Últimamente se ha vuelto para mí una grata manía el levantarme temprano los sábados para ir a comprar mi almuerzo a la Feria Fluvial. Allí no sólo se encuentra gran variedad de pescados y mariscos, sino también –a mi parecer-  la mejor y más fresca verdura. En general los precios son bastante convenientes, salvo en casos puntuales, donde algunos productos se disparan, pero hay que saber comprar. En general todos los puestos ofrecen artículos de calidad y la atención es siempre muy grata. Los habitantes originarios de nuestra región vivieron por siglos de la pesca y recolección de pescados y moluscos, recuerdo haber leído cuando pequeña el extracto de un manuscrito antiguo donde Pedro de Valdivia describía a los locos como criaturas del tamaño de sus dos palmas extendidas. Eso nos da una idea de cómo la depredación desmedida ha obligado a involucionar a algunas especies para poder mantenerse, ya que hoy en día es imposible encontrar moluscos del tamaño descrito por el conquistador, incluso el diámetro de los locos ha disminuido dramáticamente en relación a los últimos veinticinco años. Por eso es tan importante que sepamos apreciar y utilizar nuestros recursos naturales, siendo conscientes que el futuro de esas fuentes de alimentación y comercio depende íntegramente del respeto y cuidado que tengamos por nuestros recursos hídricos.

    La salud es otro factor importante que va de la mano con nuestros hábitos, por ello además de dar un divertido paseo, podemos poner en práctica alguna sabrosa y saludable receta aprendida de nuestras madres y abuelas, o bien utilizar la tecnología y buscar en internet diferentes alternativas de preparación, aprovechando delicias como el salmón que estimulan nuestro cerebro y nos protegen de enfermedades cardíacas, o un alucinante ceviche de piures o erizos para darnos una potente inyección de energía.

    En todo el mundo los mercados son ejemplos fieles reflejos de la cultura de los países en su estado más puro. Resulta sumamente pintoresco ir a la Feria de Valdivia con sol o con lluvia, ver las aves revolotear y hacer piruetas para arrebatarle a los lobos marinos los trozos de pescado que gentilmente les lanzan los locatarios, quienes alimentan a la exótica fauna fluvial como si fuesen mascotas domésticas. El maravilloso verde eternamente húmedo de la vegetación que rodea el sector y el penetrante olor a río envuelven al visitante generando un ambiente único, lleno de colores y ruido. Cada vez que tengo oportunidad invito a amigos extranjeros y chilenos de otras ciudades a conocer este lugar que debe ser motivo de orgullo para todos los valdivianos.

    Cuando regreso de comprar, camino junto a otras personas que vienen de regreso hacia el centro por el Paseo Libertad cargando su botín contenido en las típicas bolsitas negras. Respiro grandes cantidades de aire puro, dejando atrás el río y el bullicio de la feria. Así, desde la Costanera, la ciudad contempla silenciosa a sus habitantes desfilar en un carnaval de cocineros sabatinos, amantes de la buena mesa.