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    03.09.2013

    El universo paralelo de las azoteas

    iglesia luterana-1
    (Por Romy Valenta)

    Valdivia tiene muchas caras, postales visibles para nosotros a cualquier hora del día. Por eso, resulta común identificar a la ciudad con edificios del centro que se han vuelto emblemáticos y con algunos locales que han sabido sobrevivir al implacable paso del tiempo. También el sector Regional con sus casas antiguas que se han mantenido en excelente estado, incluso desde antes del terremoto y las imágenes del exuberante bosque de Huachocopihue grabadas por siempre en nuestra retina.

    El río, en todo su largo recorrido, marca una presencia indiscutible y cuando nos encontramos lejos de nuestra tierra lo primero que recordamos son los lobos marinos, la Isla Teja, la Feria Fluvial y el olor a Calle-Calle; maravilloso efluvio que nos trae la brisa después de llover. Pero hay un lado B poco explorado de nuestra ciudad y es precisamente de lo que me gustaría hablar ahora, justo cuando encontré ésta foto que tomé hace algunos años desde la ventana del departamento donde vivía. Me refiero a las azoteas de esos lugares que estamos acostumbrados a ver solo desde abajo, aquellos sitios que nos observan silenciosos mientras caminamos por el centro sin levantar la vista.

    Existe una verdadera segunda ciudad que habita y opera clandestinamente en las azoteas de Valdivia, proporcionando el escondite perfecto para una infinidad de oficios que uno jamás creería que existen y negocios que se mantienen gracias a una fiel clientela que utiliza el boca a boca para recomendar sus servicios. Debo confesar que desde pequeña me han llamado la atención las alturas y cuando me tocaba entrar en algunos de esos lugares, inmediatamente corría a la ventana a ver cuál era la vista, hacia donde conducía el patio de atrás y qué perspectiva nueva podía encontrar de los demás edificios.

    Para no arruinar la magia, nombraré a grandes rasgos algunos lugares con los que me he encontrado en éstas azoteas encantadoras, habitadas por divertidos duendecillos: fotocopiadoras que venden completos, reparadoras de calzado, quincallerías, modistas, cerrajerías, comedores muy baratos, casas de masaje, peluquerías sólo para varones, tiendas de ropa americana, dudosas sucursales de empresas extranjeras, institutos de idiomas, centros de estética, clínicas dentales, relojerías, tiendas de medicina alternativa, mentalistas y tarotistas, centros de acupuntura y biomagnetismo.

    La foto que elegí hoy, corresponde a una vista desde el edificio Prales hacia la Iglesia Luterana. Ese campanario que se asoma junto al Banco Estado y la composición que forma con la escalera y el árbol en distintas épocas del año, me conmovieron de tal forma, que los fotografié durante un año, en las diferentes estaciones, aprovechando las distintas fases del árbol. Por lejos mi favorita es el otoño. Así, los últimos pisos sirven también para albergar a sociópatas que desean tener un buen puesto de observación sin ser observados, por eso la próxima vez que caminen por calles como Picarte, Carampangue, Caupolicán o Chacabuco; no olviden mirar hacia arriba, tal vez alcancen a notar que detrás de un visillo amarillento, alguien los mira fijamente.