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    25.09.2013

    El océano a un paso

    Niebla

    El sector costero de Valdivia, en especial Niebla y Los Molinos, son los sitios más populares para ir de paseo en verano, específicamente en enero y febrero, únicos meses en que la lluvia nos da tregua y el sol nos regala un poco de luz y calor estival.

    A tan sólo veinte minutos de la ciudad, es posible llegar a la playa en auto, colectivo, micro o minibús; gastando muy poca bencina o pagando un pasaje bastante económico. Desde que somos niños, uno de los paseos más típicos es ir a la costa en compañía de los padres con abundantes vituallas y a medida que llega la tan ansiada independencia, éstas aventuras se vuelven cada vez menos diurnas y se cambia el picnic por botellitas de vidrio y encendedores.

    La feria costumbrista es desde hace algunos años la parada obligada para quienes han disfrutado de un largo día sumergidos en la Playa Grande, lugar que por cierto no es apto para nadar, pero los valdivianos somos porfiados y nos bañamos haciendo caso omiso de la señalética. La feria está conformada por una infinidad de pintorescos puestos de madera, que ofrecen una gran variedad de productos deliciosos, como empanadas de mariscos, anticuchos, pullmay, asados, mote con huesillos, sopaipillas y preciosa artesanía hecha en la zona, todo ambientado con música tradicional en vivo, que va desde la cueca hasta las infaltables rancheras.

    Haciendo justicia a ese paisaje que vi tantas veces de ida y vuelta, en mis entrañables paseos a la playa, quisiera recordar la época en que vivía en Niebla y me iba todos los días al colegio, a veces con temporal y frío de terror, mojada como piojo. El mar embravecido rugiéndome en la cara, el viento que soplaba arrogante sin detenerse, mi mochila estilando y mi pelo largo desordenado, con la solitaria compañía de un cigarro matutino y mi único cuaderno para todas las materias. Tarde o temprano algún vecino me llevaba a Valdivia o bien la micro se dignaba a pasar, cuando la regularidad de la locomoción colectiva era de un bus cada 45 minutos o más.

    Antes, el camino a Niebla estaba poblado únicamente por árboles y frondosa vegetación, haciendo del sector de Toro Bayo y Cutipay un bosque continuo, sobrecogedor para quien lo mirase. Lamentablemente, durante el último tiempo es posible ver como grandes empresas constructoras, han comenzado a poblar los terrenos que se ubican inmediatamente después del Puente Cruces, con casas y edificios, llegando a saturar el ambiente, en un afán por erigir una especie de barrio exclusivo, alejado de la zona céntrica, pero con edificaciones comunes y corrientes, vendiendo el sueño de suburbio norteamericano en versión chilensis.

    Para los valdivianos tener el mar a tan poca distancia es tan natural como disponer de pescado y verduras frescas todos los días, saludar enormes y pacíficos lobos marinos en plena ciudad o caminar sobre selva virgen alejándonos unos cuántos kilómetros del centro. Pero el hecho de que tengamos el privilegio de vivir en medio de un entorno único en el mundo, no nos da derecho a creer que aquello se cuida solo y que podemos explotar la naturaleza sin medida, depredando todo a nuestro paso.