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    02.10.2013

    El perro de Independencia

    perro

    Hay quienes dicen que los animales presienten todo y es cierto. No hace mucho, todavía era invierno, hubo un día bastante primaveral, cálido y despejado. De pronto, a eso de las cinco de la tarde, mi gata comenzó a maullar de una manera extraña, como si sintiera alguna especie de dolor y caminaba incesantemente de un lado a otro. Casi al mismo tiempo, mi perra empezó a aullar y ladrar al aire en un comportamiento sumamente errático, acto seguido los demás animales del pasaje hicieron lo mismo, formando un coro bastante espeluznante. En ese instante me levanté a ver qué pasaba e instintivamente miré hacia el cielo, el azul intenso cambiaba paulatinamente a un gris pálido y las nubes avanzaban rápidamente para unirse en una sola masa oscura. A los pocos minutos, una feroz tormenta eléctrica se había desatado, el cielo rugía con truenos estrepitosos y una copiosa lluvia caía inundando charcos, acompañada de granizos de un considerable tamaño.

    Últimamente se ha vuelto una costumbre, cada mañana cuando voy a trabajar, divisar a un curioso perro vago de color café y gran tamaño, arañar el asfalto, justo en la esquina de calle Independencia con Arauco. El animal da saltos en el aire, ladra y gime durante largo rato, rasguñando el suelo como si quisiera desenterrar algo. Existe una teoría entre quienes lo han visto, de que el perro persigue el reflejo de luz que proviene de las ventanas que se encuentran en los pisos más altos de los edificios y que impactan con el suelo a esa hora de la mañana, pero hace poco logré acercarme y no había ningún vestigio de sol ni haces de luz en la calle, el día estaba completamente nublado y la criatura seguía perturbada, emitiendo esos desgarradores alaridos, frotando sus patas con fuerza.

    Algunas personas le dan comida, otros lo tratan de apartar del lugar sin éxito o simplemente lo ven con lástima como si estuviera loco, de la misma forma que la gente reacciona frente a lo desconocido, tratando de omitir lo que es diferente, aquello que les causa temor.

    La causa de su angustiosa presencia, precisamente en esa calle y en ese punto, sigue siendo un misterio. La gente que pasa por ahí cada día y ya lo conoce pareciera ignorarlo, aunque algunos curiosos como yo todavía se detienen a observarlo de vez en cuando, esperando por algunos segundos estar presentes en el momento preciso en que se descubra el gran secreto que se custodia bajo el cemento.

    Desconozco si alguna vez se desenmarañará el misterio, pero por ahora, la vida transcurre tranquila en Valdivia, tal vez hasta el día en que algo fantástico ocurra o algo abominable emerja de las profundidades, como en los cuentos de H.P Lovecraft.

    La noche cae sobre la ciudad y las criaturas, envolviendo todo con su manto de neblina. Nadie está a salvo del amanecer, ni los perros vagos, ni las personas, los árboles desnudos que se yerguen junto a ventanas mudas o las formas de vida primitiva que habitan en el subsuelo.