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    30.10.2013

    Fragilidad urbana

    hotelvaldivia

    Nuestra ciudad es una de las más antiguas de Chile, pero eso no justifica que en algunos lugares se esté cayendo a pedazos. Es común para los valdivianos ver edificios a medio construir, abandonados en sitios donde podría erigirse una construcción que fuera en beneficio de toda la comunidad, como también estamos habituados a los abundantes sitios eriazos que quedan así tras una demolición o un incendio, donde no se vuelve a emplazar nada y se convierten en sucursales de lo siniestro.

    Estos verdaderos monumentos al olvido urbanístico, en el mejor de los casos, toman automáticamente la forma de estacionamientos o lugares donde se instala propaganda política y de multitiendas, exhibiendo grotescos rayados y gigantografías de mal gusto.

    La creciente falta de estética y descuido, sobre todo del centro de la ciudad, es aquello que me parece más preocupante, ya que el corazón comercial de un asentamiento urbano es precisamente la carta de presentación que tenemos frente al turista que nos visita. Pero tampoco podemos olvidar lo mal que están muchas villas y poblaciones periféricas, donde las autoridades solo parecieran ir en época electoral.

    No es primera vez que hablo de la decadencia de Valdivia, pero es inevitable ser reiterativa cuando ocurren hechos indignantes que ponen en riesgo la integridad de las personas que habitamos y amamos ésta porción de tierra sureña.

    El miércoles 23 de octubre, poco antes de las seis de la tarde, caminaba por calle Arauco y me distrajo un fuerte ruido, que en un principio atribuí al choque de algún vehículo, ya que por ahí circula gran parte de la locomoción colectiva que conecta la ciudad. Pero al levantar la vista, me pude dar cuenta que en realidad el estruendo era causa del derrumbe de un paradero metálico y que la estructura había aplastado a algunos transeúntes y gente que esperaba abordar alguna micro.

    Debo decir que el espectáculo era espeluznante. No saber cuánta gente había sido aplastada, no saber si alguien había muerto en el acto o cuan graves se encontraban las personas que estaban en el suelo, ver a dos carabineros que estaban cerca del lugar tratar de levantar la pesada estructura y presenciar también como varios jóvenes cruzaban la calle y corrían a socorrer la gente mientras desde el frente sólo atiné a llamar una ambulancia y desear de corazón que no hubiesen fallecidos.

    Afortunadamente, con el correr de los días me enteré que sólo hubo heridos, pero eso no atenúa lo sucedido. Hasta ahora no existe claridad en cuanto a las responsabilidades del hecho, la pelota circula dando tumbos entre distintas entidades públicas y todos alegan inocencia. Pero más que culpables frente a un hecho desafortunado, mi intención es que se busquen soluciones para afrontar la triste decadencia en que está sumida nuestra ciudad, para que dejemos de una vez por toda de llenarnos la boca con la belleza natural que día a día arruinamos y trabajemos por mejorar el aspecto sucio y desmejorado de Valdivia, que terminará encerrando a la perla para siempre dentro de su ostra.