Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    31.12.2013

    Tesoros Ocultos

    mujercanta

    Valdivia es una ciudad de artistas, pero muchas veces nos olvidamos. Al parecer, la famosa cantinela de que somos el polo cultural del sur de Chile, tierra de poetas y pintores, nos termina encasillando en una nebulosa inespecífica que ni siquiera nosotros mismos podemos comprender.

    Lo cierto es que el arte y las cosas bellas de la vida, se encuentran a veces en los lugares que menos imaginamos. Es así como no hace mucho tiempo, tuve la oportunidad de presenciar una actividad musical de lo más diversa, ni más ni menos que en el living de una casa en el sector regional, barrio que ha sido protagonista ya de varias columnas de este blog.

    Supongo que algo de cierto debe haber en todo ese halo mágico que ese barrio tiene para mí, ya que no me explico cómo pudo ocurrir, lo que tuve la suerte de ver y escuchar, si la magia no existiera. Una amiga me invitó amablemente a escucharla cantar en una presentación de taller, en el cual llevaba asistiendo casi un año. Yo estaba al tanto que ella había tomado este curso, pero nunca dimensioné lo que había conseguido hacer en ese tiempo.

    La ambientación fue lo primero que me cautivó, una sala de estar acogedora, iluminada tenuemente por velas, con un piano antiguo de fondo y cada quien sentado en mullidos sillones con varios cojines. El escenario improvisado con dos banquillos y un atril, daba la sensación de estar en el teatro más cómodo porque se podía disfrutar de una vista privilegiada. También había perros y gatos, que presenciaban el acto como el público más entendido en la materia.

    Pues bien, abrió la presentación un tímido señor que cantó un villancico navideño, debo decir que su voz era bastante dulce y afinada, además tomando en cuenta la época del año creí que su repertorio era adecuado. Luego, siguió mi amiga con tres canciones, cada una mejor que la otra.

    Comenzó con Black Bird de Los Beatles, siguieron los Cranberries y remató con Hojas de Té de Los Tres. La fuerza de su voz fue in crescendo con cada canción hasta emocionarme.

    Acto seguido hizo aparición la profesora del taller, que también es pintora, acompañada de dos guitarras, cantando una canción de su autoría llena de sentimiento. Luego interpretó su hermosa hija a cappella, tenía la voz y el aspecto de un ángel.

    Vino el blues de la mano de un simpático y joven músico, que se lució tocando guitarra y harmónica al mismo tiempo. Compareció la cueca brava encendida en su rasgueo y emotiva en su prosa, interpretada por un talentoso poeta criollo. Para rematar, el señor del villancico, volvió al escenario, esta vez erizando la piel con el tema central de la película El Padrino, interpretada con una voz prístina e intensa, en un italiano pulcro y estudiado.

    Fueron tres horas donde jamás pensé que me iba a divertir tanto y me iría con el corazón henchido de orgullo por la calidad de artistas que hay en mi ciudad. Gente común y corriente, que se dedica a otras actividades, pero que oculta talentos maravillosos para ser mostrados en días especiales como el que me tocó vivir esa noche mágica, en una casa del barrio que custodió mis pasos de infancia.