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    13.02.2014

    Chile, un país esculpido por el mar: La Isla de los sueños (Primera Parte)

    romy

    Hace algunos días, Chile se agitaba de punta a cabo al conocer el fallo de La Haya sobre el futuro de un territorio marítimo en disputa con Perú . A título personal, quisiera decir que no me parece apropiado, someter temas tan delicados y tan nuestros ante un tribunal europeo, pero supongo que de política internacional sabrán más nuestras autoridades que yo. Respecto a este tema, muchos compatriotas apoyaban la moción de entregar mar e incluso territorio a nuestros vecinos, mientras otros hervían en afanes nacionalistas, siendo condenados por una importante porción de la sociedad, y catalogados como primates sin sentido común.

    Pero más allá de aquellas dicotomías geopolíticas e ideológicas que finalmente acaban dándole diversidad y contraste a nuestro país, el amor por el mar y el orgullo por lo nuestro va más allá de un simple pleito secular que seguirá existiendo cuando nosotros hayamos partido.

    Cansada de oír que vivo en la ciudad más linda, del país más lindo del mundo (a los chilenos nos encanta exagerar con ese tipo de cosas), decidí abrir los ojos para ver que más allá de Valdivia sigue habiendo sur y siguen existiendo lugares igual de hermosos que mi tierra amada. Es así como llegué a Chiloé.

    Lluvia eterna, frío implacable, tierras vírgenes y paraísos naturales fueron los primeros anfitriones que me recibieron al llegar a aquella tierra mágica, luego de una plácida travesía aferrada al asiento del bus, sobre en un transbordador sorteando una de las más hermosas postales del océano Pacífico. Mi fobia a navegar se hizo presente una vez más, pero valió la pena ante aquel espectáculo sublime.

    Una vez superados los miedos, la mente se refugia en la belleza del paisaje, en la paz inmensa que exhalan esos bosques ancestrales y la brisa salobre que moldea el follaje de los árboles, otorgándole curiosas e irrepetibles formas a sus hojas y ramas.

    Es una pena que, como ocurre tantas veces a lo largo de nuestro país, todavía existan rincones olvidados por la mano del estado y chilenos como nosotros deban sufrir necesidades por la falta de trabajo. Tal es el caso de Quellón, donde el desempleo a causa del fracaso de las salmoneras ha aumentado últimamente en forma abismante.

    Caminando por Ancud me detuve en un graffiti, precisamente el que elegí para la foto de éste artículo, el cual refleja la sensación de abandono que comparten la mayoría de los habitantes de la isla. Muchos de nosotros nos quejamos de la lentitud de los servicios de salud en el continente, sin pensar que no muy lejos de aquí, existen compatriotas que no cuentan en sus ciudades con médicos especialistas o unidades de cuidado de pacientes críticos, capacitadas para resolver urgencias. (Continuará)