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    21.03.2014

    El Toby

    palace

     

    “¿De dónde vienes pequeña Lulú? eres toda mi felicidad…”

    Es imposible no tararear la canción de La Pequeña Lulú cuando escribo ésta columna, porque de quien hablaré el día de hoy fue un personaje muy presente durante mi infancia y su nombre me recordará siempre al líder del club exclusivo para niños, donde el acceso a las chicas estaba completamente prohibido.

    Para quienes vivimos en el sector Regional, era normal encontrarse con El Toby cerca de los locales comerciales de Huachocopihue. Paseaba siempre con un cigarro en la mano, a veces hablando solo, luciendo una prominente barriga. Nosotros, niños medianamente conscientes de su condición, jugábamos y andábamos en bicicleta, mientras él nos saludaba o simplemente nos ignoraba perdido en las profundidades de su mente.

    Bajito y de contextura gruesa, El Toby era de buena familia y mostraba siempre modales correctos y un rostro amable. Algunos cuentan que de vez en cuando perdía el control, pero yo jamás lo vi comportarse agresivo.

    Muchas teorías se tejían en torno a su trastorno mental, algunos hablaban de esquizofrenia, otros de abuso de sustancias. En lo que a mí respecta él era un soñador perdido en un mundo fantástico, mucho mejor del que nuestra realidad podía ofrecerle.

    También se le veía regularmente por el centro, caminando entre los café Dinno’s y Palace, saludando a todo el mundo. La mayoría de los valdivianos lo conocía y con el tiempo se había convertido en un personaje respetado y querido por todos. ¿Amiga tienes un cigarro? era la pregunta de rigor cada vez que me lo encontraba, yo o cualquier persona del barrio que lo conocía desde siempre sabía que era un buen hombre, un alma libre.

    Hace algunos meses me subí a un colectivo y escuché que vecinos del regional hablaban de su reciente muerte. Al principio no dimensioné lo que escuchaba y reparé en lo pueblerinos que aún somos y en lo chico que sigue siendo Valdivia, por más que se empeñe en crecer. El rumor me pareció por algunos minutos el ejemplo perfecto de lo que somos como sociedad, un grupo de gente simple que todavía se conocen unos a otros, sin perder esa cercanía y calidez provinciana.

    Pero también al enterarme de aquello me sorprendí mucho, ya que El Toby era aún muy joven y no me imaginé que partiría tan pronto. Con él murió una pequeña parte de mi infancia, un capítulo que permanece dormido en mi mente la mayor parte del tiempo, pero que aflora con cada suceso como éste, que me recuerda mis andanzas pasadas, cuando la vida era sencilla.