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    28.04.2014

    Flojera saludable

    camino

    Soy mujer, tengo 31 años y jamás he ido a un gimnasio, lo peor es que vivo al lado de uno. La última vez que hice educación física fue en octavo básico, luego, al entrar a enseñanza media me las arreglé para conseguir un certificado médico que me eximía de hacer deportes por padecer asma, pero en realidad mi enfermedad se llamaba tabaquismo.

    Como de todo y a veces sucumbo a la glotonería, otros días ayuno. Mis hábitos son raros. Durante mi embarazo engordé pero me recuperé en poco tiempo, mi metabolismo en ese entonces era bueno. Actualmente no tengo sobrepeso pero debo reconocer que soy sedentaria, nunca he practicado un deporte.

    Mi única gracia, radica en que por herencia de mi madre, soy muy buena para caminar y de hecho lo disfruto. Siempre me he desplazado a pie porque no sé manejar y me da miedo sacar licencia.

    A los 24 años me diagnosticaron hipertiroidismo, una enfermedad común en mujeres jóvenes que produce desequilibrios hormonales y disminución de peso, pero sobre todo, palpitaciones y síntomas cardíacos. Mi desconocimiento de aquella condición en ese entonces y una leve hipocondría que padezco desde niña, me empujaron a consultar a un cardiólogo quien me pidió una serie de exámenes. Luego de chequear mi estado general y hacerme un electrocardiograma, el médico me solicitó algunas de pruebas sanguíneas.

    Cerca de una semana después, volví a la consulta con gran cantidad de resultados, dentro de los cuales estaba el test de colesterol. La verdad, los valores eran en su mayoría normales o se acercaban a la normalidad, pero había un valor aumentado fuera de lo común, el HDL.

    El doctor muy amablemente me explicó que ese índice correspondía a lo que la gente conoce por “colesterol bueno”, el cual ayuda a controlar los niveles del LDL o “colesterol malo”. A esas alturas yo estaba imaginándome una batalla de colesteroles buenos y malos, como en la mejor escena de Star Wars.

    El HDL aumenta en personas que hacen ejercicio, por lo que me sorprendí y le comenté orgullosa al facultativo que yo era incapaz de mover un dedo, ante lo cual me preguntó si yo era buena para caminar. La gente que camina, tiene el colesterol bueno aumentado, por ende aquello ayuda a tener un corazón sano, sumado a otros factores por supuesto.

    Debo reconocer, que luego de esa aclaración, respeto aún más mis caminatas, pero aún no me animo a inscribirme en el gimnasio.