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    02.05.2014

    Adiós a El Volcán: otro cráter para Valdivia

    el volcan
    (Por Romy Valenta)

    Hace algún tiempo escribí sobre lo buenos que era los pollos con papas fritas del Mavi’s, una picada fiel e indiscutible a la hora de ir en busca de un poco de aceite a la vena. También hablé sobre la antigua ruta del bajón nocturno, de aquellas cocinerías que con sus vapores de fritanga, nos seducían a altas horas de la noche. Hoy todo eso ha cambiado y sólo se mantienen firmes algunos pocos locales, que se niegan a desaparecer, aunque el tiempo y el avance del capitalismo se empeñen en demostrarles lo contrario.

    La semana pasada fue el turno del Café Volcán, que se despidió del mapa urbano de una forma trágica. Un voraz incendio arrasó con el tercer piso del edificio donde se encontraba, junto con cobrar una víctima fatal, un joven y querido muchacho llamado Sebastián. Esperemos que su energía se encuentre en un mejor lugar ahora.

    Recordemos que tiempo atrás, la Galería Nass, precisamente aledaña al café, también sucumbió al fuego y en su lugar hay un peladero, donde desconozco qué irán a instalar. En lo que quisiera detenerme, más allá de la fisonomía urbana, que es bastante penosa en el centro de nuestra ciudad, es en cómo se sienten ustedes, los fieles lectores de esta columna. Esta vez, me dirijo directamente a quienes semana a semana ingresan a este sitio con el fin de encontrar un poco de identidad y consuelo a la brutalidad que estamos viviendo, como país y como región.

    La sensación en el ambiente es deplorable, luego de una tragedia como esta, la gente habla de un “nuevo estacionamiento” para Valdivia, asumiendo que por años se nos enrostrará el vacío que dejó el edificio de turno, llenándolo de anuncios políticos, publicitarios o efectivamente de autos.

    Jamás he escuchado, que se realice una consulta ciudadana para la aprobación de un proyecto que marcará significativamente nuestra visión del lugar donde vivimos, de nuestro patrimonio. Quienes amamos esta ciudad vemos con impotencia, cómo se destruye nuestra historia sin que podamos hacer nada. Creo que eso tiene que cambiar y las autoridades deben dar cuenta de ello. El ciudadano es un ser pensante, un ser que siente y no una pieza de un ajedrez torcido que parecieran jugar quienes gozan de poder. Al ciudadano se le respeta en su integridad y a través de su entorno, creo que ya basta de atropellos y abusos en este aspecto.

    Pero yo siempre he pensado que a nuestros muertos hay que recordarlos con cariño, porque esa es la única forma de que no desaparezcan. El Volcán seguirá activo en nuestras mentes y corazones, con su pintoresco letrerito brillando al contraste del sol primaveral o bailando al son del temporal sureño. Quien haya comido uno de sus míticos completos, sentirá para siempre esa agradable nostalgia que sólo dan las comidas caseras, porque cuando el valdiviano “se halla” en un lugar nace una tradición. Espero que reflexionen, queridos lectores, sobre el destino que le estamos dando a nuestra ciudad, a nuestro HOGAR, que es, a fin de cuentas, el destino que estamos forjando para nosotros mismos.