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    14.07.2014

    Cosas que pasan

    sombreria la capital
    (Por Romy Valenta)

    Como en buena ciudad provinciana que somos -y a mucha honra- hay veces que no pasa nada en Valdivia. En cambio en otras, se nos viene todo junto y en una semana de pronto sobran temas para escribir una columna.

    En primer lugar, hace días que está sonando la noticia del posible peaje que implementarán para nuestra ciudad en el tramo San José – Valdivia, situación que se repite también en otros puntos del país. Como si no fuera suficiente todo lo que tenemos que pagar en servicios como luz, agua, gas, permisos de circulación, bencina, bencina, bencina, bencina…. creo que con este último ítem ya podríamos costear hasta la construcción de carreteras subterráneas y podríamos también pagarle a los seres de magma que habitan en el centro de la tierra para que construyan una civilización paralela, en caso de que el combustible siga subiendo y escaseando, así nos mudamos en masa y dejamos a nuestras autoridades hablando solas en su mundo caótico.

    Luego me entero por redes sociales que la sombrerería La Capital, un verdadero emblema de nuestro Valdivia antiguo, cerró sus puertas luego de más de ochenta años. Es cierto que yo no uso sombreros. Debo reconocer que tengo la cabeza extremadamente grande y nunca me caben los gorros que llegan a mis manos, pero esta tienda tenía algo especial para mí, porque mi abuelo, a quien no alcancé a conocer, compraba sus sombreros ahí y además, vivía unos pisos más arriba, en el edificio Cervantes. Por eso, cuando yo caminaba por ahí, pensaba en que tal vez cincuenta o sesenta años atrás, Antonio Ribera, el ingeniero civil calculista, cruzaba el umbral de la puerta de La Capital, para adquirir algún elegante modelo.

    Y bueno, somos Capital Cultural 2016, otro notición para Valdivia. No sé qué opinan ustedes, pero yo lo veo como una macabra coincidencia. Entendiendo que son procesos independientes, el ser ungidos con semejante honor, justo cuando nos dictan un nuevo impuesto por usar nuestras carreteras y desaparece un local como la sombrerería, que era del poco patrimonio cultural que quedaba en nuestra ciudad, parece broma. No soy más que una ciudadana cualquiera y no es mi motivación sólo criticar, pero siento pena y rabia, por eso me veo en la obligación de solicitar un poco su atención y hacer un llamado a la consecuencia, no es posible que nos llenemos la boca de lo buena ciudad que somos, llenos de títulos como una Miss Chile, si por dentro somos una criatura horrorosa.