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    18.08.2014

    Formación aérea

    pajaros

    Valdivia, 10 de la mañana, Arauco. Iba camino a la Feria Fluvial y una sombra que cubrió fugazmente el cielo hizo que me detuviera. En la calle podía verse un grupo de personas ir y venir sin apuro, arrastrando los pies, con ritmo de viernes feriado. Junto a ellas, una caravana de micros grises y vacías avanzaba cumpliendo la misma rutina de día hábil, hubiese apostado que ninguna tenía chofer.

    Avancé unos pocos metros y levanté la mirada, me encaramé en la escalera de la Iglesia Luterana para verlos pasar. Una enorme bandada de aves negras surcaba el cielo en dirección al centro, mostrando una extraña formación aérea. Llevaba mi agenda en la mano y comencé a escribir mientras era testigo de un singular desfile en las alturas que, al parecer, nadie aparte de mí había notado.

    La primera fue muy numerosa y tenía forma de flecha, las aves planeaban de izquierda a derecha entrecruzándose sin siquiera rozarse entre ellas, la coreografía era perfecta. Me remonté a mis tardes de invierno, año 1993 – 1994, cuando jugaba Star Fox y me reportaba con el General Pepper luego de finalizar cada misión.

    Siguieron sucediéndose varios grupos de pájaros, ejecutando piruetas asombrosas, dibujando formas alucinantes entre las nubes. Llevaba varios minutos observando, cuando caí en cuenta que debí haber registrado ese suceso con mi teléfono. Pero como suele pasar con las apariciones, cuando la cámara estuvo lista ya se habían esfumado todas las aves.

    De esa curiosa migración puedo mencionar muchas cosas. La primera es que en el sur es usual vivir en comunión con especies silvestres, incluso en la ciudad, o también que la primavera se avecina y es probable que las aves estén sintiendo el cambio de estación antes que nosotros. Pero tiendo a sospechar, por el curioso color de la luz, la conmoción de un grupo de palomas que avanzaba en tierra sin poder emprender el vuelo y la inquietante vibración que se percibía en el ambiente, que tal vez se está gestando una conspiración en el cielo valdiviano, donde aves oscuras, de muy considerable tamaño, se comunican en un sofisticado lenguaje corporal, que sólo ellas pueden comprender.