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    25.08.2014

    La previa

    balcom

    El concepto de juntarse antes de que un evento comience está muy arraigado en nuestra sociedad, sobre todo en los jóvenes, que empiezan a tomar como a las tres de la tarde, cuando el verdadero carrete parte a la una de la mañana. No sé quién habrá sido el elocuente que bautizó esa práctica de alcoholismo anticipado como “la previa”, pero debo decir que para mi gusto y desde el punto de vista semántico, me parece una pelotudez y una enorme falta de originalidad.

    Antes la gente era más creativa y le ponía a las cosas nombres raros, como “malón”, “embeleco”, “pichuncho” o “chimuchina”, pero no, ahora la literalidad ha carcomido los cerebros, porque sólo hay imaginación para hacer memes y poner “me gusta”.

    Cuando yo era adolescente, los chicos de mi edad también se juntaban temprano, pero insisto, no se llamaba “la previa”. Además, esa práctica era mucho más clandestina que ahora, por eso se hacía bien escondido, cosa que los papás no fueran a darse cuenta.

    Hace unos quince años, yo vivía en el cuarto piso de un edificio en el centro de Valdivia. Me acuerdo que antes de las tocatas en la sala Ainilebu, nos juntábamos varios a tomar y fumar en mi pieza, que tenía un balcón increíble y cabían perfectamente, entre dormitorio y terraza, unos cincuenta cristianos. De hecho doy esa cifra porque una vez se juntó esa cantidad de personas, las conté y el grupo alcanzaba el medio centenar de almas.

    El ambiente era bastante surrealista ahora que lo pienso. En la pared principal había un gran poster de “The Blair Witch Project”, en los demás muros había empotrado varias repisas con libros, donde colgaban figuritas plásticas ahorcadas. Tenía un sillón inflable color verde transparente, tamaño natural, que algunos usaban para dormir o tirarse piqueros a la cama cuando estaban muy perturbados. Había un equipo de bastante “wattaje”, donde sonaban discos piratas bajados de internet, cuando aquello era la tecnología más novedosa y sofisticada del momento.

    Lo que más llamaba la atención, era una pantera de peluche tamaño natural de color negro que estaba sobre la cama, se llamaba Phil, como el vocalista de Pantera.

    El lugar estaba lleno de artículos curiosos y materiales extraños que guardaba en cajones, la mayoría cosas que me iba comprando en ferias o viajes y algunos regalos.

    De mis amigos puedo contar muchas anécdotas, como los vómitos en el balcón después de tomar cantidades industriales de vino en caja, los pipis apurados en botellas de combinado, la sacadas de mugre en el balcón cuando las baldosas estaban mojadas producto de la lluvia y los recitales de flatos, luego de bajarse medio litro de bebida al seco.

    No tengo idea a qué jugarán los niños agrandados de hoy cuando se juntan a hacer “la previa”. Tal vez hacen sesiones masivas de chat con sus celulares, juegan Wii o ven videos en Youtube, lo que es yo preferiré siempre la clandestinidad y la inocencia de las tardes en mi balcón.