Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    17.09.2014

    “Nometiquetí”

    palo encebado
    (Por Romy Valenta)

    Con este ya son 31 dieciochos que tengo a mi haber, de los cuales al menos 25 he pasado en Valdivia. Por varias razones, hay muchos que no recuerdo en lo más mínimo, ya sea porque era muy chica, porque fueron muy fomes o porque me lo pasé arriba de la pelota. Pero esos créanme, han sido pocos. Los que llevan leyéndome algún tiempo sabrán que no es mi estilo santificarme y hacerme la loca con los vicios de la humanidad, porque de tenerlos los tengo, pero el trago y todo lo que acarrea es algo que prefiero evitar.

    Empezando por el tufo y terminando en el hecho no menor del cráneo partido, el alcohol y yo no tenemos mucho por donde asociarnos. Debo reconocer que me gusta el buen vino y la cerveza artesanal, ¿a quién no?, pero cuando empieza el chuchoqueo con los destilados, me retiro ipso facto. No hay nada más feo que una persona con hálito después de una noche de juerga, más aún en época de fiestas patrias, porque el cuerpo se resiente el doble debido a la sumatoria de días de celebración. Hay quienes piensan que pasan piola, que el olor “no se siente” y que con un Halls arreglan la pudrición que emanan, pero eso mis queridos lectores, es como colgar un pinito aromático afuera de una letrina.

    Siguiendo al infortunio del mal aliento, inmediatamente aparece otro enemigo de la dignidad humana, consecuencia también del exceso en el consumo de bebidas alcohólicas: El andar de curaito. ¿Se han fijado lo ridículos que se ven los borrachos caminando o lo patética que luce una mujer muy de tacos y cartera tambaleándose como un mono porfiao? Sin mencionar las fotos mal intencionadas que aparecen al otro día en redes sociales y el típico meme cuequero que dice “NOMETIQUETI”.

    Pero yo también me he curado un par de veces en mi vida, me he caído y me he quedado dormida. Me acuerdo de una talla muy buena, tomando chicha de Punucapa en la Feria Costumbrista de Niebla, me compré dos botellas y desperté en mi casa con un hachazo de los mil demonios. Yo no me acuerdo de nada, pero mis amigos que fielmente me cuidaron me contaron que hasta bailé cueca con un viejito, canté a grito pelao y me comí dos docenas de empanadas fritas. Una verdadera dama.

    Ya me dirán que un trago de vez en cuando no hace daño y que esta fecha es para pasarlo bien. Pero todos somos conscientes de que los chilenos no sabemos de mesura y autocontrol y que el cargarse al chancho está en nuestro ADN. Por eso chiquillos, antes de quedar botados como huasca, haciendo el ridículo y dando pena, acuérdense que tienen familia, un nombre que respetar o en el último de los casos, un único hígado que cuidar. Morirse o herir a alguien por un descuido es lo más probable del mundo, por eso les deseo un feliz 18 pero cuando empine el codo acuérdese de mí, si toma chicha, tome también precauciones.