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    02.02.2015

    Eerie Indiana

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    (Por Romy Valenta)

    Les escribo esta columna algo adolorida. Anoche se me cayó un vaso shoppero encima del pie izquierdo y me punza. Mientras, me encuentro rodeada de labores domésticas hechas a medias o completamente olvidadas. Son casi las cinco de la tarde y afuera no vuela una mosca. El cielo está completamente despejado, calculo que deben haber unos 28 grados, pero corre una brisa tan refrescante que las personas de bien que se levantaron temprano, almorzaron e hicieron sus quehaceres lo deben estar pasando increíble en la playa o el lago. Yo no, porque tengo cosas que hacer atrasadas y he sacado la vuelta todo el día.

    Tengo un cerro de loza sucia, maletas por hacer, ropa colgando en un atril de pintura que fue lanzada con furia cuando descubrí que me quedaba chica y la cama está toda revuelta con dos gatos flojos durmiendo arriba de ella. Almorcé tallarines y las moscas que no vuelan afuera decidieron venir en masa adentro de mi casa, recién se me posó una sobre la nariz y me dio un besito. A veces es bueno mostrarse tal cual es uno con los lectores, así no te idealizan y son conscientes que detrás de estas palabras hay una persona que no se ha bañado y no piensa hacerlo.

    Ejecutando el noble arte de procrastinar, me puse a hablar por chat con una amiga que vive fuera de Chile, el tema central versó sobre las curiosidades de Valdivia, en lo que a sucesos paranormales respecta. Sucede que entre ella (a quién llamaré Minnie) y yo, tenemos bastante material acumulado sobre “situaciones enfermas” y “personas exquisitas” que nos gustaba recopilar en la adolescencia y también en la década de los 20 que no sé cómo se llama, yo le digo tontera.

    Eerie Indiana es el nombre de una serie que algunos de ustedes recordarán. Y si se acuerda, es hora que se preocupe de su inminente jubilación. La daban en TVN en la década de los ’90 y trataba sobre la vida de un niño neoyorkino que se iba a vivir a un pueblo enano en Indiana, llamado Eerie. El guionista tenía muy buena imaginación y un notorio TOC con la simetría y la sincronización, porque la actuación era muy coreográfica. En ese lugar pasaban cosas extrañas, desde conspiraciones ridículas entre gatos y perros, hasta apariciones de fantasmas, abducciones extraterrestres y el avistamiento de personajes que se creían muertos, como Elvis.

    Así, cual pueblito perdido norteamericano, en nuestra perla pasaban y siguen pasando cosas bizarrillas que bien merece la pena saber, por último para leer algo entretenido cuando van al baño. Por eso entré en fase de recopilación y documentación, abordando en forma seria la tarea de entregarles contenido inútil y de calidad.

    Me comprometo con ustedes a que a mi regreso iremos desenmarañando algunos misterios absurdos de esta ciudad que pasa desapercibida en su ámbito esotérico y oscurantista. Eso, si es que regreso con vida, pero si muero, volveré a Eerie (Valdivia) a hacer sus vidas miserables.