Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    24.03.2015

    Una ciudad oscura

    colectivo valdivia
    (Por Romy Valenta)

    El gendarme después de terminar las funciones, en su último día de trabajo luego de veinticinco años de servicio, se dirigió al paradero como de costumbre en busca un colectivo verde, en dirección al sector regional. Estaba a punto de llover.

    Llevaba meses eludiendo esa invitación a tomar el té en casa de F, un conocido a quien en realidad no apreciaba pero desde un tiempo a la fecha, le venía saliendo hasta en la sopa. Su único pretexto era el trabajo, pero ahora ya no tenía un lugar donde esconderse y eso lo hacía sentirse vulnerable. Luego de algunos minutos de espera, abordó un vehículo con rumbo incierto, ya que si bien sabía dónde iba, no tenía idea a lo que estaba predestinado.

    Al finalizar el recorrido, F lo esperaba plantado en una esquina, intersección de dos calles que le había indicado anteriormente como punto de encuentro. El gendarme jamás había ido a su casa. Su anfitrión vestía una ridícula chaqueta de color café claro, pantalones ceñidos, gafas oscuras y un cuello ortopédico. El gendarme reparó en este último detalle por sobre las demás prendas que llevaba, pero F evitó dar una respuesta cuando se le preguntó la causa del supuesto accidente, desviando el tema, como solía hacerlo cada vez que se encontraba con su visitante. Todo terminaba tratándose de su pasado glorioso y de su talento culinario, el cual el gendarme estaba a punto de conocer.

    La casa de F quedaba al final de un anónimo pasaje, en un sector aledaño a un basural donde jugaban perros vagos y niños pordioseros, sin embargo, el curioso personaje se esmeraba por lucir diferente dentro de ese contexto paupérrimo, mostrando orgulloso su jardín, donde lo único que podía verse era un escuálido arbusto trasplantado por el mismo, que estaba a punto de morir.

    El gendarme se sentó en la sala mientras F preparaba la mesa para el té. El visitante ofreció ayudarlo por cortesía, pero F se opuso terminantemente a que el gendarme ingresara a la cocina. Luego de unos minutos estaba todo dispuesto, un termo con agua caliente, dos bolsas de té, dos tazas con sus respectivas cucharas, platos y tenedores. Finalmente F lo invitó a tomar asiento y le pidió que esperara, envuelto en un misterio absurdo, como si lo que iba a mostrarle fuese muy importante.

    Se apresuró y fue a la cocina, volviendo con un recipiente translúcido de curioso contenido. Le preguntó al gendarme si sabía lo que era y este negó con la cabeza, mirando inquieto el gel violáceo que temblaba con cada movimiento de manos. F procedió a recitar, como si se tratase de un poema, cada ingrediente que componía esa extraña receta, mientras le cortaba un pedazo ridículamente grande. Después de esa tarde, el gendarme jamás volvió a visitar a F.

    (Historia verídica)