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    02.06.2015

    Días Redondos

    valdiromy
    (Por Romy Valenta)

    Hay días que son declaradamente malos, donde uno se levanta tarde, se te olvidan las cosas importantes en la casa, el calefont pasa horas encendido por accidente, se te pierde el celular o te roban plata del cajero por dejar la tarjeta adentro. Si a eso le sumamos que la mayoría de las personas anda en una frecuencia agresiva haciendo sus trámites y que en todas partes atienden pésimo, llegamos arrastrándonos a la hora de almuerzo, sin ganas de volver a intentar salir en la tarde. No sé por qué generalmente esos días se llaman lunes.

    Pero como en todo lo terrenal, existen excepciones a esta regla infame y cuando menos nos esperamos recibir un premio o llevarnos una grata sorpresa, sucede algo increíble: un día redondo. Para muchos resultan importantes cosas simples como que al llegar al banco la fila esté vacía, que el chofer de la micro nos sonría, que el día esté soleado pero que corra algo de brisa o sencillamente (si uno es soltero) ver a la persona que nos gusta casualmente en la calle. ¿Pero qué es finalmente un día redondo? Para mí es cuando todo se confabula a tu favor, cuando cualquier idiotez mal intencionada te resbala y no quieres que acabe nunca ese día, porque todos los astros se han alineado para que tu seas feliz.

    Yo he tenido la suerte de vivir varios días memorables en mi vida, pero creo que hace años no tenía un día así de redondo, como el de este sábado 30 de mayo. Resulta que se rajaba lloviendo y me tocaba ir a presentar el libro de un amigo a una feria, luego de eso debía correr y viajar fuera de Valdivia para grabar un cortometraje. Todo indicaba que las cosas estaban difíciles, más aún si le sumamos que a última hora tuvimos que cambiar de locación.

    A pesar de ser hora de almuerzo, la presentación del libro estuvo bastante concurrida y se vendieron todos los ejemplares que la editorial trajo para la feria. Luego de eso recibí felicitaciones por mi intervención y me fui corriendo para abordar el auto de otro amigo que me esperaba cargado para ir a grabar. Apenas salimos de Valdivia la tormenta desatada comenzó a amainar y un tímido sol se asomó y nos acompañó toda la tarde, no cayó una sola gota de agua y pudimos grabar preciosos exteriores.

    Luego, cuando llegamos a la casa donde haríamos las imágenes nos encontramos con el lugar ideal. Contaba con todos los atributos expresados en el guión y más aún, el entorno era maravilloso. Había un gallinero repleto de aves coloridas, añosos árboles cargados de pájaros, olor a pasto mojado y comida recién hecha. La dueña, una mujer hospitalaria y amable, nos esperó con pan amasado, torta y mermelada casera, así que al terminar el rodaje disfrutamos de una once al calor de la estufa a leña, inmersos en una paz sobrecogedora. El camino de regreso lo hicimos en silencio, con una gran sonrisa en los labios. Cosas simples como hacer lo que nos gusta, con la gente que queremos y en condiciones ideales, forman parte de la alegría de estar vivos. No hay que desatender esas pequeñas señales que nos da la vida y siempre debemos estar atentos a que la redondez nos abrace.