Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    30.09.2011

    Colombia y el otro Caribe, parte II

    Nos habían dicho que Lorenzo no hablaba bien castellano, que era de pocas palabras y que podíamos pedirle un rezo o tomar algunas fotos y que luego  nos fuéramos.

    Pero como dice la canción: “la Vida te da sorpresas, sorpresas te da la Vida”…aparece un hombre de unos 70 años, con su atuendo típico blanco, nos mira y nos da la bienvenida con una profunda y sensible sonrisa en el rostro. “Yo me llamo Lorenzo”-dice, guardián del parque Tayrona, vivo aquí con mis hijos y mi compañera”…nos presentamos las 3 personas que llegamos hasta ahí…y Lorenzo rápidamente nos pregunta: “que mas? A que han venido, quieren fotos o rezo?”. Nosotros en una actitud humilde, honrados por el lugar y la persona…quedamos en silencio un momento y le dijimos, haciendo un gesto con la mano en el centro del pecho: “venimos de muy lejos, a saludarte desde el corazón, trayendo un mensaje del Sur del mundo, un mensaje de Amor, de armonía y de hermandad”.

    En ese momento pareció abrirse un espacio, una sensación de éxtasis y júbilo recorría nuestros cuerpos y nuestras mentes se hacían espaciosas e iluminadas.

    Lorenzo alzó la mirada al cielo, luego, miró a su alrededor, y comenzó su relato: “Yo soy de aquí, vivo aquí y cuido el espíritu del parque, porque el espíritu de la montaña me dijo que yo debía vivir aquí y cuidar del lugar hasta el último día de mi Vida”…en ese momento, Lorenzo, el mamo Kogi, chaman, guardián de la sabiduría ancestral e inmortal de su gente, comenzaba un relato de casi una hora, donde nos explicaría de su pueblo, de su cultura, de su misión en este mundo y de la intima conexión entre ellos y la Madre Tierra, el padre Sol, dadores de Vida siempre presentes.

    Nosotros sabíamos que su pueblo estaba enviando un mensaje al hermanito menor, a nosotros humanos modernos, por lo que permanecíamos en un placentero y cómplice silencio, en una especie de trance inducido por el espíritu de la naturaleza, el calor, el aroma y colores del lugar.

    Agradeciendo el momento, el privilegio de estar ahí presentes, lucidos, plenos, le preguntamos a Lorenzo cual era el mensaje que quería enviar al humano moderno. Lorenzo respiró profundo, sonrío, miró hacia los árboles más altos, arriba, casi en el cielo y dijo: “nosotros hermanitos mayores, cuidamos al espíritu de la Madre Tierra desde que fuimos puestos en este mundo, nosotros tenemos esa misión y solo esa. Nosotros le pedimos a los hermanitos menores (humanos modernos) que nos ayuden, que esta vez ha sido mucho el daño a la madre y necesitamos que hermanito menor despierte…y se de cuenta que no debe seguir así”…Lorenzo respiró profundamente una vez más y dijo: “Hermanito menor debe dejarnos hacer nuestra tarea y debe aprender a vivir sobre esta amada tierra…debe darse cuenta que la Tierra no pertenece al hombre sino este a la Tierra, que Todo está conectado con Todo y que debe aprender a vivir con los principios que rigen en el Universo. Si hermanito menor no quiere oír, es probable que no sobreviva”.

    Nosotros, mientras presenciábamos y saboreábamos el instante, sentíamos que ese profundo mensaje venia desde las entrañas mismas de la Tierra, sentíamos que el tiempo se había detenido y nos regalaba la oportunidad de encarnar la reconciliación entre ambos mundos, como si de una misión se tratara.

    Estábamos tomando conciencia de la importancia del momento y su eterno significado, tomábamos conciencia que quien daña a la Tierra, daña al Universo entero y con ello a si mismo.

    Con los ojos llenos de lágrimas, emocionados y extasiados en lucidez, nos levantamos del lugar, miramos a Lorenzo a los ojos y le dijimos que llevaríamos el mensaje al sur del mundo, que le agradecíamos su misión y que tenga calma, que los humanos modernos estábamos comenzando a escuchar y comprender los misterios de la Vida y que estábamos tomando conciencia del daño causado, dispuestos a pagar los costos y comenzar a transitar por la sagrada senda del Sol: el camino de retorno.

    Luego del relato y con nuestros corazones expandidos, nuestros espíritus conectados, Lorenzo nos hizo unas rogativas y unos regalos…nos despedimos y volvimos sobre nuestras huellas, para continuar por el parque hasta el Mar Caribe que nos esperaba.

    Camino y senda chamánica de 6 horas en total, para volver al anochecer al lugar donde alojábamos, finca La Jorará, cerca del parque, un hermoso y cuidado lugar, privilegiado por no contar con energía eléctrica, pudiendo estar a la luz de las velas y con los sonidos multidimensionales de la selva…desde donde aquella noche comulgaríamos con Los andes, con el mar, con la selva y la Vida misma, que en uno de sus pasajes, nos había transportado a otro lugar del tiempo, de la conciencia, como si de un agujero negro en tierra se hubiera tratado.

    Sin duda alguna, estábamos conectando con el espíritu femenino y masculino de la Tierra, de Los Andes, desde la sagrada isla de Chilwe, hasta la sierra nevada de Santa Marta en Colombia, conectando la sabiduría milenaria del pueblo Williche y del pueblo Kogi, haciendo la reconexión con el humano moderno, la convergencia hacia la nueva era del sexto Sol, siendo Lorenzo el guía en Colombia, que nos llevaba por los infinitos senderos de la eternidad y Alex, lo mismo en la isla mágica de Chilwe.

    La montaña, el Universo, la Vida Una y Todo lo que Es, nos seguía dando el regalo de contemplar lo que nuestros ancestros habían hablado y dejado como espiritual legado:

    La Vida es el viaje curativo-chamánico, la Vida es el más hermoso regalo jamás dado, cuando tomamos conciencia de él!!!

    De regreso en la isla mágica de Chilwe, este es un mensaje, un llamado directo para volver la mirada a la esencia…para volver a contemplar la senda con los ojos del corazón!!!