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    29.05.2012

    Chiloé: Una gota en el Océano

    Chiloé es Tierra y Mar. Tierra sagrada, mítica, mágica. Pero también es mar. Mar interior y océano pacifico: agua y en cantidades.

    Chiloé es en sí misma un borde costero impresionante, con paisajes y vivencias que nos trasladan, nos llevan, a otros tiempos. Chiloé es un lugar donde pareciera que el tiempo se durmió. Años, siglos, milenios y hasta millones de años atrás. A modo de ejemplo solamente, cuando se forma la cordillera de la costa, que en la isla se llama cordillera de Piuchen y Pirulil. ¿Sabían ustedes que esta cordillera tiene entre 300 y 600 millones de años? ¡Impresionante, no!

    Esta cordillera se forma por la eterna lucha entre el bien y el mal, por dos fuerzas que pugnan eternamente en el universo y que en esta parte del mundo dan origen a Chile y Chiloé. Nuestros hermanos Williche lo señalan míticamente en su relato de Ten Ten Vilú y Cai Cai Vilú, explicación ancestral del origen de este lugar, de esta Tierra y Mar sagrados.

    Este espacio de amplio océano, cuyo nombre es Pacífico, nos acerca también  a otros mundos, porque no solo de este mundo esta hecha la realidad. La realidad también tiene mundos sutiles, dimensiones sin forma, que nuestros ojos físicos no pueden ver, más nuestra alma intuye.

    Entonces, quién se regala la oportunidad de venir a Chiloé, viene a contemplar su tierra misteriosa y viene también a ver sus costas, sus aguas. Pareciera ser que la isla mira hacia el Océano Pacífico como cual habitante del planeta mira las estrellas. Chiloé observa y contempla, conversa con “el Pacífico” como entrelazando los mundos.

    Quién se regala a sí mismo un viaje a Chiloé,

    comienza una travesía existencial de profundidad inagotable, esencia pura,

    un camino directo hacia Dios o al Gran espíritu.

    Quien visita Chiloé viene al océano de la vida. Si conoces el océano, dormido, agitado, o totalmente despierto, conoces a Dios, al Gran espíritu y sabes que de que han hablado todos los maestros humanos, Zaratustra, Krishna, Jesús, Mahoma o el Buda.

    Si conoces este océano chilote, considerado ecosistema vital para la vida del planeta, conoces al “Pacífico” o aquello que es fuente de todo lo creado.

    Si no conoces el océano, simplemente estas perdido, sea quien fueres. Si temes sumergirte en sus aguas, en sus profundidades, tal vez solo conozcas al océano como reflejado en un espejo, así como solo conocerás una imagen reflejada de la vida y no lo que ella es.

    Aun así, no puedes dejar de ser una parte del océano, que nace de sus profundidades, al igual que Chiloé, y desde ahí retorna a su quietud, al “Pacífico”.

    Y cuando emerges del Pacífico, como en el principio y vuelves a la tierra, te llevas contigo su profundidad, no un poquito de profundidad, no un gramo de profundidad, según puedas pensar. Sino toda ella.

    La profundidad es profundidad, es una cualidad y no una cantidad.

    Entonces, quien visita Chiloé, se lleva a casa esa esencia eterna, intemporal, sin forma. Esa calma y serenidad que nos regala el “Pacífico”. Esa respiración que pulsa desde el corazón del Universo, de la galaxia y del sistema solar y que se agita en el viento de Chilwe. Esa sinfonía y danza que nos convoca a la fiesta que ya se esta preparando.

    Chiloé es una gota en el Océano, una gota que sin ser el océano, contiene todos sus elementos, así como Tú también los tienes de Dios, del Gran espíritu!!!

    Chiloé es magia, es vida, es libertad, es desapego…

    Chiloé es un resumen de la existencia…

    Chiloé es un llamado a los valientes que se atreven a vivir el paraíso ahora.

    Chiloé es un Destino Mundial!!!

    Chiloé es “el Pacífico”