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    11.12.2013

    Que lo que separó la naturaleza, no lo una la frivolidad humana

    puente

    ¿El fin de la magia? ¿A quien favorece? ¿Es rentable socialmente? ¿Cuál es nuestra visión respecto al turismo, identidad y cultura? ¿Qué opinan los pueblos originarios, primeros pobladores del archipiélago?

    Sin duda, muchas dudas, inquietudes, pensamientos y emociones respecto a los anuncios recientes de “aprobación de la oferta” para la construcción de puente sobre el Canal de Chacao.

    Hace unos días nos visitó el Presidente de la República para contarnos con bombos y platillos, que el gobierno había “aceptado la oferta técnica y económica” para la construcción del puente sobre el Canal de Chacao, que conectará a la isla grande de Chiloé con el continente. Nos contaron -entre otras cosas- que las razones son de tipo “estrategia de desarrollo” para la isla, conectividad y de paso se busca alargar Chile hasta Quellón.

    Reflexionando y revisando la larga historia del puente, las múltiples inauguraciones, primeras piedras, estudios y sus posteriores caídas, surgen varias dudas. La primera y la más importante es si Chiloé y nosotros sus habitantes necesitamos ese puente o no. Mi opinión personal, siendo chilote, nacido y criado aquí, de familia de aquí, además, durante años asesor y consultor en turismo, desarrollo local y ligado a municipalidades; es que el puente no es prioridad. Es decir, no satisface la mayor parte de las necesidades básicas, primarias, que tienen las personas de la isla grande.

    Pero para salir de la duda, consulté a varios dirigentes y mujeres del mundo social y económico de Ancud, sobre un listado de las 10 necesidades más importantes para una mejor calidad de vida. El puente no apareció en la lista mencionada. Aparecen necesidades ligadas a mejores hospitales, más médicos generales, más especialistas, medicamentos, tecnología medica, calidad de educación, caminos, electricidad rural, agua potable y empleo.

    Entonces, surgió la segunda duda: si fuese así, y Chiloé no necesita prioritariamente el puente, ¿Es una buena decisión invertir 700 millones de dólares en ello? ¿Sería mejor desde el punto de vista humano y social, invertir primero en las mencionadas necesidades básicas?

    Y una tarde de caminata en la playa Mutriko a la entrada de Ancud, caminata reflexiva junto a cerros, bosques nativos y oceano pacifico en calma, surgió la tercera duda. ¿Qué impacto en el turismo isleño tendría una obra de este tipo? Muy poca gente conoce la verdadera historia de Chiloé, tierra de mitos y leyendas, aparecida en la geografía planetaria hace unos 14.000 años atrás, momento en que entran las aguas del océano, de deshielos milenarios y aíslan esa hermosa porción de tierra, naciendo la isla y el canal de Chacao. Cuentan los antiguos, que cuando suceden eventos así, tan especiales, en la naturaleza, es la misma madre tierra la que decide reservar la isla para guardar los secretos de la vida.

    Con la construcción del puente, es probable que la puerta de entrada al Chiloé profundo, místico, vivencial, al Chiloé mágico, se pierda. Porque cruzar las aguas del canal de Chacao es un viaje místico, espiritual y sanador. Sabido es por todas la culturas milenarias, que las aguas son purificadores, que limpian el alma y fortalecen el espíritu de las personas y representan el fluir de la vida y que ahí radica uno de los secretos de Chiloé; es esta misma agua que la convierte en isla, la que la protege.

    Siento profundamente que esta maravilla, este regalo que la vida nos entregó 14 milenios atrás, pueda desaparecer por una “necesidad innecesaria” y que ello vaya lentamente matando la magia curativa de arribar a un archipiélago con tremendo presente y futuro, pero basados en lo que somos, en lo nuestro, una identidad y cultura única en el mundo.

    ¿Hasta qué punto puede el ser humano va a seguir interviniendo las “obras públicas naturales” creadas por la vida? Si es en nombre del turismo, voto a conciencia, por poner en valor y fortalecer campañas de promoción que den a conocer el regalo que la isla grande y sus más de 50 islas pequeñas ya es. Si es en nombre de un “polo de desarrollo”, puedo decirles con conocimiento profesional que un puente no garantiza un desarrollo humano armónico y consciente, ni tampoco un desarrollo económico sostenido. Hay ejemplos en el mundo de islas desarrolladas en lo material.

    Si es en nombre de la salud, debería haber hospitales públicos de calidad y dotados de manera digna y respetuosa del ser humano. Si es nombre de lo rentable y económico, voto por invertir en las personas, la cultura y el cuidado de la naturaleza; porque Chiloé ya es un destino mundial, una maravilla única en el mundo, reconocida por dsintos medios internacionales y declarada uno de los cinco ecosistemas vitales para la supervivencia del planeta.

    Siendo rigurosos y serios con el uso del lenguaje, es bueno precisar que la propuesta esta aceptada, lo que no significa que esta “adjudicada”. Cabe señalar, que el representante coreano del holding postulante, dijo textualmente, que “el proceso no ha finalizado aún”, cabe señalar, que hay que ser cautos con los políticos tradicionales, pues manejan otros códigos que nosotros, ciudadanos y vecinos no conocemos. Cabe señalar también que “en la puerta del horno, se puede quemar el pan”.

    El lunes recién pasado, crucé el canal de Chacao, en medio de la noticia de aprobación de oferta técnica y económica y surgió de mi la reflexión profunda: nací en un contexto isleño, vivo y me siento como un ser un isleño. Reconozco y bendigo mi condición de chilote mágico. Entonces, ¿puede el ser humano moderno unir aquello que la madre naturaleza separó?

    Como chilote, hijo de mitos y leyendas, invoco a que despierten los espíritus primordiales de TENTEN VILU y KAYKAY VILU, para poner todo esto en equilibrio y orden, como ha estado los 14000 años que la madre natura, la Ñuke Mapu, nos separó del continente para guardar sus secretos aquí.

    Son tiempos especiales, tiempos en que debemos liderar y decidir como queremos vivir: propongo CULTURA E IDENTIDAD como motor de nuestro desarrollo personal, colectivo, social y espiritual.