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    06.11.2013

    Con pistolas de agua no se puede pretender ganar la guerra

    cobreloa
    (Por Jorge Cabezas)

    El domingo se confirmó lo que los loínos no queríamos reconocer: Cobreloa no será campeón, ni tampoco disputará el título del campeonato hasta la última fecha. La realidad nos golpea nuevamente y nos dice que a pesar del trabajo y esfuerzo del cuerpo técnico y de un grupo reducido de jugadores, no podemos competir de igual a igual con equipos mejor formados. Y más si consideramos la triple exigencia que tuvimos este semestre, con Copa Sudamericana, Copa Chile y el Torneo Nacional. Si realmente queremos luchar en estas batallas hasta el final y ganarlas, debemos armarnos mejor y no pretender, con pistolas de agua y balas de goma, doblegar a los adversarios.

    Sin Vásquez, nos quedamos sin presencia por la banda izquierda, sin Droguett, desapareció el juego asociado y la movilidad en el mediocampo y sin Lezcano, perdimos la sorpresa y el gol en ofensiva. El contar con un plantel corto, que no cumple la máxima de tener al menos dos jugadores de nivel por puesto, en definitiva repercutió en la última parte del año, en donde las lesiones y suspensiones desnudaron las falencias en la conformación de este plantel. No puede ser que nuestros tres referentes de área durante este semestre, Cuéllar, Grondona y Herrera, con veinticinco partidos durante este semestre, no lleven ningún gol convertido. Ninguno, cero. Así no se puede pelear nada.

    Ante Universidad Católica se repitió el mismo patrón de juego que en las últimas fechas nos alejó del extraordinario presente anterior. Un equipo sin chispa, perdido en la cancha y sin el hambre ni el convencimiento de que solo el triunfo servía. Cobreloa no defendió bien, no presionó al rival, no generó fútbol, ni tampoco generó riesgo en el arco rival. Cristián Suárez lo dijo claramente después del partido, “No hicimos nada, nos echamos atrás y dejamos que Católica nos fuera metiendo en un arco”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

    Aparte del bajón futbolístico evidente, que puede explicarse por varias razones (bajas importas sin reemplazos de nivel, desgaste físico, etc.), lo que no puede permitirse es la falta de actitud y compromiso. Mientras Sebastián Roco, lesionado y con la cabeza puesta en la situación de su pequeño Agustín, hacía un partidazo y dejaba el alma en la cancha, habían otros jugadores como José Pérez, que caminaba en la cancha y no era capaz de darle un pase a un compañero sin equivocarse. Mientras que a Gaitán le dolía la derrota, corriendo de un área a la otra, dejándolo todo, había otros compañeros que el quedarse fuera de la pelea por el título, al parecer, no les provocaba nada.

    Ante O’Higgins y en los siguientes partidos, nos jugaremos nuevos objetivos. El llegar a la liguilla y pelear una opción para meternos nuevamente en una copa internacional, está al alcance, por lo que sería un gran error pensar que este año ya está finalizado, y que solo queda pensar en el 2014. Es en este momento en el que tiene que aparecer el liderazgo y la experiencia de Jorge García, Mauricio Donoso y John Armijo, para levantar a este grupo y comprometerlo a sacar esta tarea adelante. Si llegamos a la liguilla, ya tendremos de vuelta a Droguett y Vásquez, dos bajas relevantes, que pueden ayudar mucho en un alza futbolística necesaria para pelear el preciado botín de jugar nuevamente instancias internacionales.