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    21.07.2014

    6 palabras gringas que habría que sacar del diccionario

    muffins
    (Por Carlos Carvacho)

    Una de las cosas que más me gusta de ser chilenos –y de ser guachaca, obvio- , es esa vuelta de carnero que le damos a todo lo que llega de afuera. Pescamos un poco del asunto, lo revolvemos y armamos menjunjes que a final de cuentas terminan siendo tan nuestros que nadie los siente ajenos. Algunos puristas dirán que no tenemos identidad y cosas por el estilo, pero desde el interior de la fermentación guachaca preferimos mirar el lado medio lleno del chuico,y celebrar la enjundia que los nacionales le ponemos para adoptar y adaptar con “cachativa” cosas de otras latitudes.

    Ejemplos hay por montones. Es cosa de pegar una mirada a algunos de los nombres de nuestros equipos de fútbol. “Wanderers” de Valparaíso, “Everton” de Viña del Mar, “Rangers” de Talca, Santiago “Morning”. La lista podría seguir su buen rato si nos pusiéramos a cachurear un poco en la historia. Y qué decir de la jerga que ocupamos a la hora de comentar los partidos, mezcla precisa de cachañas, “güines”, “córners” y “faúls”, una atmósfera mágica e ilustrada a colores por años en el dial por próceres del relato como los recordados Darío Verdugo y Sergio Silva, o nuestros actuales Ernesto Díaz y Hans Marwitz.

    Otro ámbito en donde tenemos ejemplos para tirar a la chuña es en la música. Peter Rock, Danny Chilean, Larry Wilson, Los Ramblers y Los Blue Splendors, entre otros. Una época donde los chilenos inventamos nuestros propios gringos para hacerle collera a los ídolos que los grandes sellos promovían en los locutorios.Pero de un tiempo ha esta parte, no sé si por flojera, arribismo publicitario o porque los cuicos nos han pillado volando bajo , algunas aberraciones idiomáticas se nos han colado en el día a día, las que debemos combatir sobre todo del vocabulario de nuestros peques, que absorben como orilla de playa estos términos. He aquí cinco casos que merecen peñascazos públicos y todo guachaca no debiera tener en su Sopena Ilustrado.

    1) Blackout: ¿Hay algo más rebuscado que decir “blac-aut” cuando sencillamente se corta la luz o hay un apagón generalizado? Algunos colegas periodistas, luego de los guatazos que el Sistema Interconectado Central presentó a partir de 2010, compraron chanchitos esta nueva palabra, jerga de los expertos en tapones para explicar lo inexplicable: entre decir “tenemos una falla que afecta a varias regiones”, sonaba más alarmista y rebuscado hablar de Blackout. Si bien, no es un término que entre a la pelea día a día, está ahí, esperándonos junto a las velas, los fósforos y la radio a pilas.

    2) Sale: Esto va contra toda lógica. Es cosa que se pasee por cualquier galería, caracol o centro comercial, y sus vitrinas en vez de invitarle a “entrar a encalillarse”, le dicen “Sale”. ¿Qué pasó con nuestro ingenio del lleve ahora, pague en abril, los maniquís bien aperados, los monos articulados y las liquidaciones por cierre de local? Ahora suena más rimbombante pegar un autoadhesivo con la palabra “seil” y ahorrarse el ingenio. Mala cosa.

    3) Off: Hermanado con el término anterior, esto sí que merece pena de excomunión.La perla del mercader de la siutiquería. Ocupar la palabra “off” en vez de poner descuento es el colmo.

    4) Muffin – Cupcakes: Acá vamos a ser claros. Como diría su nuestro Rey Guachaca 2012, el Guatón Salinas “la comida no se mancha”, y vamos a hacer una diferencia entre el alimento en cuestión y su correspondiente vocablo. Que sepamos, desde tiempos inmemoriales (previo al auge y caída del horno mágico en la cocina chilensis), siempre a los queques se les ha puesto algo más que ralladura de limón cuando las mamás y/o abuelitas quieren regalonear a los suyos. Su frutita picada, cocoa en polvo, etc. Hoy a esos quequitos con más cariño nos están obligando a que les digamos muffin, siendo que son queques, o por último “magdalenas”, como se les llamaba antes más pitucamente. Punto aparte en esta disputa son los Cupcakes, que si bien vendrían siendo como una especie de pasteles bien decorados, no hemos sido capaces de chilenizarlos aún. Partamos por ponerles un toquesito de pisco, o pipeño para mojarlos.

    5) Pop Corn: Las que siempre han sido cabritas, por culpa de los cines de a poco se han ido poniendo gringas bajo ese pseudónimo. En las cafeterías son capaces los mismos lolitos que las expenden de no venderle, si usted no las llama por su “chapa” anglosajona. Quizás por eso son tan caras. Nuestras cabritas en cambio siempre han costado cien pesos en la feria, y uno puede llevarlas en una bolsa feliz de la vida para todos lados. Las gringas vienen en balde y tienen gusto a mantequilla.

    6) Coaching: Antes se llamaban simplemente capacitaciones, charlas motivacionales, cursos de actualización, etc. Ahora basta que un perico se pare delante de todos con aires de profeta, y nos venda la pomada de una consultoría personalizada a la que le llaman “couching”.

    Otros términos que también podrían perfectamente integrar esta lista son “Easter”, como algunos réclames este año se pusieron a decirle a la Pascua de Resurrección, Check in, Donuts y términos fifí como “autos semi nuevos” que aunque no es una palabra gringa, responde a la misma lógica. Otra cosa: no hay nada peor que atribuirle un origen gringo a una palabra popular. Con todo cariño y respeto profe Campusano, por favor, deje de decir que “flaite” viene de “tofly” (el infinitivo del inglés volar). Flaite viene del lunfardo argentino, es cosa que revise algunas novelas de época o algunos diccionarios de coa del gran Armando Méndez Carrasco. THE END.