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    15.05.2012

    Mamita, mamurris y mamones

    Quiero felicitar en primer lugar a todas las madres porque madre hay una sola. Y eso nadie lo puede negar. Como tampoco pueden negar, queridas mamis, que pucha que hacen mamones a sus hijos, los que en un futuro serán nuestros pinches, pololos, novios, maridos, en fin.

    No sé si Edipo tendrá o no que ver en este cuento, pero lo cierto es que a quién no le ha pasado alguna vez que estás en lo mejor del sexo, es más, a lo mejor estás a punto de tener el mejor y más caliente orgasmo de tu vida, cuando de repente suena el teléfono…y es obvio que tú le dices al semental de turno: “¡¡¡Déjalo, déjalo , déjalo!!!”. Pero él insiste en contestar diciéndote: “Puede ser una urgencia”. Y contesta: “¿Quién es?”. Sí, queridos lectores, es la suegraaaaa. Y a ti
    se te encrespan todos los pelos, te vas a la cocina, te prendes un cigarro, caminas de un lado al otro y en lo único que piensas es en qué demonios estabas pensando cuando decidiste encamarte con este tipo!!!

    Pero, bueno, para eso estamos las mamitas o mamurris que sabemos volver a la cama con una sonrisa sensual y bailándole un tema tipo “9 semanas y media” que lo pone salvaje otra vez y te agarra nuevamente contra el closet para desatar la pasión. Y te muerde el cuello, te agarra firme las nalgas, y te monta como haciendo un Koala hasta la cama, te besa desde los pies hasta llegar justo “alli”, recorriendo con su lengua por todo el largo de tus piernas. Y tú no das más de excitación, lo único que quieres es que llegue allí pronto.

    Entonces suena el teléfono. Nooooo ¿otra vez? dices tú. Él te mira con carita de tierno, pero igual atiende: “¿Quién es?”. En ese momento lo único que piensas es en agarrar el teléfono y lanzarlo por la ventana. Sin embargo él te dice: “Toma. Es tu mamá”. Ay, qué terrible. ¿Por qué las mamás llaman en el momento menos oportuno? Atiendes y te dice: “Querida hija, sé que es un poco tarde, pero te llamaba para recordarte que tienes turno con el dentista mañana y para que vayas abrigada que ya está haciendo frío y tú siempre te resfrías. Te quiero mucho”. Y tú ya dejas lo que estás haciendo, ya sabes que lo puedes continuar en cualquier momento, y te pones a escucharla unos minutos porque sabes que con solo unos minutos de tu atención la haces la mamá más feliz del mundo.

    Son terribles esos golpes de realidad, que te llegan en los momentos menos esperados. Esos momentos en que recuerdas que alguna vez fuiste hija. Y que fue ella, la mejor del planeta, quien te regaló esos consejos de sexualidad que te ahorraron uno que otro problema en el futuro. Las madres son las primeras consultoras sexuales, y a las que toda hija responsable debe acudir. Aunque en realidad, el caso es al revés, y son ellas las últimas en enterarse de todo. El primer consultorio sexual (y quizás el mejor) es el de casa. Al fin del día todos necesitamos de las madres.
    Nosotras, las hijas, y ellos, los mamones, los mismos que ellas malcrían y que una debe domar, tanto en la cama como en otros ámbitos.

    Ellas los malcrían, nosotros los encaminamos. Ellas les dan el gusto en todo, y nosotras, los momentos invaluables que con todo el amor del mundo las madres no les pueden otorgar. En fin, mamones o no, todas necesitamos de ellas. Porque, si bien el sexo es fundamental en nuestras vidas, también lo es el amor de una madre. Felicidades. ¡Un beso no erótico para todos!