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    25.06.2012

    De excesos y sexo

    A decir verdad, es complicado emitir un juicio certero sobre el tema de las drogas y los excesos, porque si bien es cierto que los ansiolíticos, psicofármacos, alucinógenos y todos sus derivados no son buenos para la salud, también es cierto que al consumirlos nos sentimos más desinhibidos; más libres; más seguros. Yo por mi parte aún no he llegado a tener sexo en el hall de un edificio con cámaras de seguridad de por medio (como la Valentina Roth), pero unas copas de más me han ocasionado uno que otro problema.

    Recuerdo el primer verano que llegué a Chile. Yo trabajaba en un team de verano, en Reñaca, cuando conocí a un gallo en una disco camino o Concón. Me encantó desde el momento en que lo vi. Es más: lo desnudé con la mirada. Tomamos unos tragos, y otros más, y otrosmás… Hasta que sinceramente se me “ apagó la tele“. No recuerdo nada más. Lo que nunca me olvidaré es cómo desperté.

    Comencé a sentir un frescor en los pies que subía por mis piernas como si me estuvieran metiendo adentro de un freezer, pero muy lentamente. Luego, cuando llegó hasta a mi cuello, logré por fin abrir los ojos. Y lo primero que vi fue y un rayo de sol que penetraba en mi retina, con un poco de dolor de cabeza de telón de fondo que distorsionaba todo. Y lo peor: ¡sin mi ropa! O sea, completamente desnuda. Y fue cuando comencé a notar la explicación de mis sensaciones: el mar me había mojado hasta el cuello. Estaba empapada. Ese era el frío que sentía. Había despertado en una playa y sola. Por unos segundos, no supe qué hacer.

    Casi me da un ataque, no hallaba adonde salir corriendo, entre angustiada y avergonzada pero, por sobre todo, desencajada: buscando explicaciones en recuerdos que no encontraba – ni encontré- nunca. Por suerte no había nadie en la playa aún, porque era muy temprano. Muerta de frío me resguardé tras unas rocas y me tapé las partes con unas algas, al mejor estilo de Eva. Era la imagen viva de la creación: como una sirenita en busca de respuestas. Esperé que abrieran un negocio y allí imploré-con desesperación- por ayuda. Dije que me habían robado y unas cuantas mentiras más. Y parece que me creyeron.

    Bueno, esa fue la peor experiencia que tuve con los excesos, y sinceramente creo que esto pudo haber tenido un final más terrible (más terrible todavía). Por eso si tengo que emitir una opinión digo que lo más sanito posible (siempre) es mejor.
    Ahora, nada de malo tiene tomarse una copita para calentar la cosa y hacer un buen “pre”. Lo importante es conocer nuestro límites y disfrutar de todo en la vida. Pero con conciencia. ¡Salud!