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    23.07.2012

    Mi terapeuta sexual

    Ya que hace unos días se festejó el Día de la Amistad, me atrevo a contarles algo que una vez me pasó con un tipo que, en un minuto, era uno de mis mejores amigos (Pero no voy a caer en algo tan cliché como lo es eso de tener amigos con ventaja, eso ya no ni tabú).

    Lo que me pasó con este amigo fue extraño, pero a la vez original. Nosotros teníamos una muy bonita amistad, de esas con las que puedes contar a cualquier hora y en cualquier lugar para vaya a socorrerte. Así pasó. Yo venía saliendo de una tortuosa relación y acudí a Carlos. Él me invito a cenar luego fuimos a su departamento al cual íbamos a menudo a carretear o ver películas. Después de una larga charla y harto llanto, me dijo lo que nunca pensé que iba a escuchar: “Querida amiga, lo que a ti te falta para terminar con ese estado depresivo es tener sexo, sí, simplemente sexo, sin la necesidad de involucrar sentimientos, tomarlo como una terapia”. “¿Cómo es eso?”, pregunté. “Mira, se sabe que la depresión es una enfermedad causada por la falta de serotonina y dopamina, sustancias que están relacionadas con el humor. Con el sexo se estimula la producción de ocitocina, hormona capaz de generar bienestar. Si quieres yo te ayudo”.. La verdad es que no me atreví a discutirle mucho. Parecía saber de lo que hablaba y, sin dar muchas vueltas a la respuesta, accedí. Y, sí, tuvimos sexo.

    Empezamos de a poco, tocándonos con caricias cada vez más cerca de las zonas erógenas. Hasta que no aguantamos más y comenzó la penetración con una calentura de ambos que no la puedo describir.

    El tema fue enfrentar la situación después de haber tenido uno de los mejores orgasmos que recuerdo. Porque si hay algo que es cierto es que a las mujeres nos baja la culpa cuando ya esta comido el pastel. Pero la verdad es que todas las incógnitas se esfumaron cuando Carlos me dijo, mientras terminaba de arreglarse la ropa: “Muy bien, eso era todo. Ahora vístete, prepararé once para que veamos una peli, como lo hacemos todos los domingos”. Y no volvió a tocar el tema durante toda la tarde. No les voy a negar que estaba algo impactada, pero cuando lo pensé en frío me di cuenta de que ya no estaba tan triste y que la terapia había dado un buen resultado. Así es que opté por llamar a Carlos cada vez que me sentía triste. Decidí llamarlo mi “terapeuta sexual”. Suena más clever que amigo con cover, no creen? Llegamos a experimentar todas las posiciones sexuales que existen. Lo pasábamos muy bien. Hasta que conocí a otra persona y, claro, Carlos dejó de ser mi terapeuta y volvió a ser el mismo amigo de toda la vida.