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    08.10.2012

    ¡Viva el masoquismo!

    Para iniciar el tema de hoy, recurrí al diccionario a buscar la definición de “masoquismo”, ya que sentí curiosidad de saber cuándo uno es honestamente una persona masoquista. Quería saber qué es lo que esto significa y hasta dónde es realmente algo aceptable y placentero, y cuándo es algo que sobrepasa los límites o se transforma en una obsesión. O cuándo, incluso, puede generar problemas en la vida de una persona.

    Encontré la siguiente definición: “Se trata de aquella persona que tiene una perversión sexual y que encuentra placer en verse humillado y maltratado”.

    Entonces, me atrevería a decir que muchos de nosotros hemos tenido alguna de estas perversiones, porque más de una amiga me ha confesado las cochinadas de alto calibre y contenido erótico que le gusta que le digan en el oído, que le den su palmadita en las nalgas o que la tomen del cuello y presionen un poco como si la fueran a ahorcar. Yo misma he vivido situaciones parecidas. He practicado fantasías sexuales del tipo sadomasoquista amarrando a mi pareja a la cama, por ejemplo, y hacerlo sufrir un poco con diferentes técnicas. Pasarle las uñas por el pecho con una mínima presión, casi rasguñándolo, mordiéndole el cuello, y también en sus partes más erógenas. En fin, la cuestión es que casi siempre sí les provoca placer y la gracia es que el hombre se lo haga a la mujer también. Es placentero. No hay nada de qué avergonzarse, pues es más común de lo que se imaginan. En todo caso, el masoquismo es igualmente una característica de la naturaleza humana que no se halla en otras especies y que parece tener su aspecto satisfactorio en provocar un efecto ansiolítico y analgésico, como respuesta al dolor y al miedo.

    El problema o la contra que puede tener esta práctica es sobrepasar los límites de la cordura. Como en todas las disciplinas, es necesario saber hasta dónde puedo llegar cuando provoco dolor. Ese dolor soportable que en el sexo se puede traducir como placentero, para dejar de serlo en el momento en que se convierte en una obsesión y comienza a ser un problema. Porque aunque esté de acuerdo la pareja, nada justifica la violencia. En otras palabras, si vas a jugar al juego del masoquismo, procura que nunca deje de ser eso, simplemente “un juego” de adultos, sabiendo todo el tiempo lo que hacen y lo que esperan de él. Muy bien, espero que les sirva este consejito, ya que a mí me encanta jugar y descubrir cosas nuevas en esta maravillosa aventura de los placeres sexuales.