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    05.08.2013

    Sexo con un anónimo

    pareja

    ¿Qué me dicen de esto? El tema es que un hombre de Antofagasta puso en el diario un aviso en donde ofrecía un viaje al Caribe a alguna mujer desconocida. Pero, fíjense, no pedía cualquier mujer, sino que tenía exigencias previas. Si hasta pidió que manden una foto para postular. Claramente el viaje debía incluir una gran cantidad de sexo.
    Fue entonces cuando al leer este aviso mi mente gatilló una serie de preguntas, una más morbosa que la otra: ¿Cómo será hacerlo con un completo desconocido, con un hombre al que miras por primera vez y con quien nunca has cruzado ni cruzarás una palabra?

    Bueno, pues, ahora vamos a sacar la voz por todas aquellas que hemos fantaseado con esta situación, es decir, tener sexo con un tipo que no conocemos y al que no volveremos a ver nunca más por el resto de nuestras vidas. Sexo con un anónimo.

    Es que he decidido contarlo en esta columna y sacarles un problema de encima. Es que a todas nos ha pasado. Y si no es a todas, es a la mayoría (no se dan cuenta que las mujeres somos enredadas, aproblemadas y necesitamos de repente compartir un episodio codo a codo, para no sentirnos culpables, solas y estar en causa común con las demás).

    En fin. Las fantasías sexuales siempre están rondando en nuestra cabeza, más de una vez me he imaginado cómo entraba a mi habitación un tipo totalmente desconocido, en bóxer, y sin decir una palabra se acostaba a mi lado. Me besaba y comenzaba a acariciar mis zonas más erógenas hasta hacerme excitar de tal forma que lo único podía llegar a hacer era suspirar, entre gemido y gemido, y gritar: “¡Házmelo! ¡házmelo!…¡no pares!”. Como si fuera una loba en celo, sedienta de placer promiscuo y carnal.

    Y estoy segura que más de alguno diría: “Eeeella…eeeeeella, la caliente, eeeeeeella la chica hot”. Tal cual me escribió un seguidor en Twitter, echando la talla. Pero es cierto, chiquillos, nosotras, las mujeres ardientes, hemos fantaseado con eso. Claro que después, lo ideal sería que el compadre desaparezca de la Tierra. Que se convierta en mosquito, se haga humo, no sé, pero que desaparezca en ese instante, en el mismísimo momento en que tenemos nuestro último orgasmo, como con una especie de efecto especial, como si hubiéramos estado por unos minutos sumergidas en una película porno con ribetes de ciencia ficción. Y de repente, paf, desapareció el galán anónimo. El ardiente sin nombre, sin voz, sin cara. El hombre que sólo significó placer. Y todo vuelve a ser como antes: la casa, los niños, el estudio, el colegio, el auto, la micro, el marido, bla, bla, bla, bla …

    Pero…¿quién te quita lo fantaseado? ¡Nadie! Ese es un secreto entre tú y el tipo misterioso. Ya ni te acuerdas de él. Nada. Ya pasó. Y así no más es. Total lo queríamos para sacarnos las ganas del minuto. Ahora, si quieres que se haga realidad, postula para el viaje al Caribe. A lo mejor, quién te dice, conoces al hombre de tus sueños. Y si no lo es, no te preocupes. El pasaje tienes que pedirlo ida y vuelta. Y ahí ves tú.