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    02.09.2013

    El legado erótico del Halcón

    camiroaga

    El Halcón es, sin duda, el ícono sensual de los últimos años. Todas sabemos que es así. A lo mejor no estábamos tan seguras al comienzo, pero, poco a poco, lo hemos descubierto. Y ya todos los canales de televisión lo han confirmado. Para algunos chilenos él era un ángel, para otros simplemente un ave rapaz que dejó su huella en el corazón de todos y, especialmente, de todas. Y otros, directamente, lo recuerdan como un ícono sexual, el maestro del piropo, un seductor de tomo y lomo y, por qué no, un modelo de galán a seguir (de aquellos que quedan pocos). Para varios hombres es el mitológico gurú. El líder en el área de la seducción para las nuevas generaciones de machos.

    Si me lo preguntan a mí, pues, debo confesar que lo miraba todas las mañana. Y como muchas televidentes siempre lo idolatré. Era como una especie de enamoramiento el que él me producía. En serio. Quizás para algunos hombres es difícil de comprender, pero estoy segura que no lo es así para las mujeres que están leyendo esta columna. Creo que no existe mujer a la que una le pregunte por el Halcón y ella no diga que lo amaba. Si cada día que pasa van saliendo más mujeres que dicen haber sido su verdadero amor. Ellas son como conejas que salen del sombrero de un mago, del Mago Camiroaga, pero eso es justamente lo que causa un ídolo, ¿o no? A mi juicio, aquellos que dicen “déjenlo en paz, está muerto, déjenlo tranquilo…” creen que se le hace un daño a su memoria al hablar de él. A todos ellos yo les diría lo siguiente: el Halcón, estando en vida, tenía claro que era un seductor, un hombre capaz de enamorar a cualquier mujer que se le cruzara por el camino. Él lo sabía más que nadie. Y esa convicción lo hacía aún más irresistible. Entonces, recordarlo de esa manera no es ningún pecado. Al contrario, dejar de hablar de un ídolo significa olvidarlo. Y recién cuando lo olvidemos será el vuelo final del Halcón; mientras todos hablemos de él seguirá volando. Y más vivo que nunca en nuestro corazón. Recordémoslo siempre como el gran seductor que fue y valoremos su legado.

    Estoy segura de que gracias a él tendremos muchos hombres galanes y caballeros que sabrán ocupar su mirada, su energía y su pasión para copiar sus estrategias a la hora de conquistar a una dama. Y ese es un bello testamento que nos dejó este irresistible y eterno Halcón de Chicureo. Eso y, por supuesto, muchas cosas más: su simpatía, su belleza, su talento y esa miradita tan especial que nos hacía levantarnos cada mañana con una sonrisa. Nunca lo olvidaremos. Por eso hablamos de él. Porque fue el gran ídolo seductor y sexual de Chile.