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    16.09.2013

    La vida sexual de un curado

    curado

    Se nos viene el dieciocho y estamos todos como locos. Queremos puro comer anticucho, empanadas y asados; pero lo que más queremos es tomarnos nuestro copetito. Eso no puede faltar, por supuesto. Su buen vaso de chicha, luego seguir con su copita de vino y luego el terremoto, con réplica, y luego el bajativo, ay ay ay. Ahí sí que, si no se controlan, chiquillos, van a quedar mas cocidos que poto de guagua. Aunque eso no sería tan terrible si después se va dormir una siesta para recuperase y seguir más paradito. El problema es que, si tiene que hacer las tareas en la casa después de tanta tomatera, digamos, tener un pie de cueca en la cama, ahí sí que la cosa se le va complicar. No sé si a todos. Al menos a mí sí. Las veces que me ha tocado tener sexo con un curado, pucha que ha sido difícil.

    Mire, para qué le voy andar con cuestiones, varias veces también ha sido al revés. Varias veces he sido yo la que daba jugo, y harto jugo. Porque cuando se me pasan las copas nadie me tiene paciencia ¿Será que me pongo muy odiosa? Bueno, puede ser. Pero otras veces me da por hacer el amor. Y, claro, me pongo más ardiente. Es como si estuviera envuelta en llamas, lo paso chancho. Ahora, cómo lo pasa el otro, no sé. Nunca pregunté. Yo creo que también lo debe pasar bien, supongo, porque estoy más desinhibida, como una loba salvaje. Es más, me atrevería a decir que en esas ocasiones me vuelvo multiorgásmica.

    La cosa se pone peluda cuando es tu mino el que está borracho. Por más que quiera y le ponga empeño, no siempre la cuestión se para. O sea, por más que hagamos el mejor beso del amor, que ocupemos nuestras manos suavemente, en forma ligera o en forma desesperada, no pasa nada de nada. Seguramente es porque está muy borracho, a tal punto que se le ha dormido absolutamente todo. Y puede ser que él piense: “Me falta coraje, valor, así es que mejor me tomo otra copita, la última. Y con esta sí que la dejo loca”. Y es un error. Más copas, menos firmeza. Es una proporción matemática infalible.

    Y en esa blanda zona, con el curado tratando a más no poder, es cuando se aproxima el desenlace y final de la historia. Se toma la última copita y ya, queda listo el tipo para irse a la cama. No a disfrutar de una bella mujer, sino que directamente a roncar. Queda desplomado, sin fuerza. Ni siquiera para levantar un dedo. Conclusión: te quedas sin pan ni pedazo. Toda tu calentura se desploma junto al cuerpo desarmado, desordenado y desparramado en la cama de tu galán. Y te pones a mirar la tele, resignada a que pase el bendito 18 y puedas volver a tener un sexo decente, un buen polvo ya acumulado por todos los borrachos días de la chilenidad.

    Pero no, queridas amigas, no tenemos que resignar nuestro placer. No es justo. Las fiestas también se hicieron para que nosotras las disfrutemos. Y, claro, nos merecemos un buen sexo este 18. Así es que, lo que dure el feriado, déjelo. Que tome todo lo que quiera, pero que antes mejor haga las tareas. Y nos deje más tranquilas esperando el post 18. Y, en fin, si ya quiere hacerle un favor, deje que tome, pero con control. Porque si es así, además de no tener sexo, pasará los feriados al lado de un payaso.