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    28.10.2013

    Una terapia sexual para el señor Parisi

    parisi

    Hablando sinceramente, debo confesar que poco y nada me gusta la política. Lo cierto es que cada vez les creemos menos a los posibles gobernantes. Por lo mismo, hay que seguir votando. De otra forma no habrá cambios. Ahora, eso debe ser precisamente lo que, por estos días, debe estar implorándole a Dios el señor Franco Parisi. Cambios, pero de foco. Y urgente. Porque, como todos ya lo hemos visto, ha estado en la mitad del huracán y no lo debe de estar pasando muy bien. Por eso es que lo que le recomiendo al candidato es que sea liberal en política, como lo indican algunas de sus propuestas, pero sobre todo que sea liberal en sexo. Le pido al señor Parisi que implemente en sí mismo una terapia sexual para relajarse. Es cuando las cosas se ponen difíciles, cuando más energía tenemos que tener para el acto. Sí, es así. Aunque nos cueste dejar de lado los problemas, hay que hacerlo para poder disfrutar de un edificante polvo.

    Entonces, querido Franco, yo le recomiendo que este fin de semana no se vaya en puras promesas y se ponga las pilas. Es hora de que recree su mente con un sexo intensivo. Dedique dos días completos a despejarse y a dejar volar su instinto animal. Le pido que opte por una buena dosis de carnalidad. Póngase erótico, Franco. Se lo pido encarecidamente. Yo exijo que Parisi se ponga caliente.

    Parta trasladándose a un resort. Ojalá en las termas y allí, junto a su doncella, o junto a lo que quiera, juegue sin frenos al mete y ponga. Realice tal actividad día y noche. Coma en un restaurante afrodisíaco. Especulo que quedará más prendido que luciérnaga en celo. Ahí, entonces, le da rienda suelta a su pasión italiana. Soltará su ira contenida. El sexo desenfrenado es súper útil para sacar toda la suciedad espiritual. En el orgasmo, chille sin compostura. Agítese. Le saldrá el estrés de inmediato. Se relajará y se lo digo con fundamentos, señor Parisi, porque yo soy una fiel practicante del orgasmo terapéutico. Da buenos resultados. El sexo estimula la liberación de endorfinas, serotonina, adrenalina, etcétera. En fin, todos esos neurotransmisores encargados de darnos alegría y placer. Después de ese espectáculo fogoso, tras haber jugueteado todo el fin de semana, tendrá una mejor visión de los problemas. Su mente estará clara, su cuerpo estará satisfecho, su cerebro estará sano. Y así, después que se calmen las aguas, podrá volver renovado a enfrentar las adversidades de la campaña. Se le verá más relajado y sin el ceño fruncido. No lo dude, señor Parisi, usted recuperará la energía con 48 horas dedicadas a la actividad sexual. No hay nada que un buen coito no pueda arreglar. Hasta a los políticos les pasa eso. Haga lo que le digo y podrá seguir peleando fieramente por la banda presidencial. Aunque, ahora que lo pienso, le aseguro, señor Parisi, que no hay ninguna duda en que la cama es más excitante que La Moneda.